Bomba de calor vs gas natural: ¿qué sale más barato en 2026?
El precio de la electricidad ha subido de forma sostenida y muchos propietarios con radiadores de gas natural se plantean instalar un split con bomba de calor para cubrir verano e invierno. La cuestión no es si la tecnología funciona, sino si el ahorro compensa la inversión y el confort que se pierde o gana.
Coste de instalación y amortización
Los splits con bomba de calor son más caros que los modelos solo de refrigeración, pero la diferencia suele ser marginal cuando se comparan unidades de la misma calidad. Un comprador citó una oferta de 500 € por unidad con COP 4.01, mientras que otro informó que una bomba de calor de alta eficiencia puede ahorrar hasta 1 086 € al año frente al gas, según cálculos publicados en Google. La inversión inicial se amortiza rápidamente en viviendas bien aisladas: un caso documentado muestra un consumo de 0,85‑0,95 kW a 23 °C después de la primera hora, lo que se traduce en unos 6 € mensuales de coste fijo por potencia contratada.
Rendimiento y consumo (COP/EER)
El factor clave es el COP (coeficiente de rendimiento) en modo calefacción y el EER (ratio de eficiencia energética) en modo frío. Los equipos más modernos alcanzan COP > 4 incluso a –20 °C, y algunos modelos llegan a COP 5,5. Un usuario reportó un Fujitsu con COP 4,44 y EER 4,12, consumiendo menos de 500 W en modo quiet. En contraste, un radiador de aceite consume 2 000 W y sólo calienta la zona inmediata. La bomba de calor, al calentar el aire que luego calienta los objetos, necesita ventiladores de techo para evitar la sensación de pies fríos.
Confort térmico y limitaciones climáticas
En climas donde la temperatura exterior baja de 5 °C, el COP cae y la bomba de calor puede requerir energía eléctrica adicional para mantener la temperatura deseada. Varios testimonios describen que en inviernos con mínimas de –14 °C la unidad se convierte en “un cubito de hielo”, consumiendo varios kilovatios en arrancada y necesitando potencia contratada adicional (≈10 A). Además, el calor tiende a acumularse en el techo, dejando el suelo frío, lo que genera la típica queja de “cabeza caliente y pies helados”.
Casos reales y datos de consumo
Un instalador describió una vivienda rural de 95 m² con dos bombas de calor por conductos: 2,5 kW en la primera hora, estabilizándose en 0,9 kW a 23 °C y 0,45 kW a 19 °C. Otro usuario, con una instalación de tres plantas, reportó consumos de 1,02 kW (frío) y 1,35 kW (calor) en un Fujitsu de 4,2 kW, manteniendo 20‑21 °C en noches a 3 °C sin que la factura suba notablemente. En contraste, la factura de gas incluye un “mínimo” de unos 10 € al mes aunque la caldera no se use.
En definitiva, la balanza entre ahorro y confort depende del aislamiento de la vivienda, del clima local y de la disposición a asumir una mayor potencia contratada. La discusión sigue abierta: la bomba de calor promete eficiencia, pero en climas extremos el gas natural sigue ofreciendo seguridad térmica sin sorpresas en la factura.
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