El País publica un artículo de Cebrián sobre la guerra de Ucrania
¿Qué tiene que pasar para que el presidente de honor de Prisa firme en su propio periódico un artículo así? Algo ha pasado.
José Luis Cebrián, presidente de honor del
Grupo Prisa, publica en
El País un artículo que cuestiona las causas y los efectos de la guerra y que, por tono y momento, se lee como un ajuste del relato editorial. El texto parte de la lección inaugural que impartió en un curso de julio organizado por la
Universidad Complutense y el Instituto de Estudios Estratégicos bajo el título «Los efectos de la Guerra de Ucrania».
El propio autor subraya que el asunto merecía «una discusión parlamentaria en profundidad» y que la clase política ha evitado debatirlo en las campañas electorales, pese a las implicaciones para la seguridad y el desarrollo del país. Es el tipo de frase que un medio solo publica cuando ya no le cuesta nada publicarla.
¿Por qué El País cambia de discurso sobre Ucrania?
La explicación más repetida tiene poco de académica y mucho de caja:
Prisa exige más financiación para sostener su línea editorial y, si no llegan los fondos ligados a la órbita atlántica, deja de sostenerla. No es una tesis documentada, es una sospecha que circula con fuerza, y conviene etiquetarla como lo que es. Se apoya en un patrón conocido: la publicidad institucional y el ecosistema de subvenciones que sostiene a buena parte de la prensa.
Otra lectura, no incompatible, sostiene que el cambio lo dictan los grandes foros internacionales donde se cocinan estas agendas. En esta versión el dinero no explica nada: las élites económicas deciden cuándo un relato deja de ser útil y ordenan el giro. En el extremo opuesto, la interpretación más sobria: el frente no se mueve y el periódico simplemente ha dejado de taparlo.
Las tres corrientes comparten un punto de partida incómodo. Un medio que hasta ahora sostenía la narrativa oficial publica ahora que hay que mirar las causas del conflicto. En términos de comunicación, eso es un cambio de fase.
Las cifras de bajas que nadie quiere poner en un titular
Aquí aparece el dato que descoloca. En el debate se maneja la cifra de
350.000 bajas del ejército ucraniano como argumento de peso: por muchas armas que se entreguen, sin soldados no hay ofensiva. Frente a ella, otras estimaciones que circulan entre los participantes hablan de
250.000 bajas rusas y de alrededor de
300.000 ucranianas, cantidades que ninguna de las partes reconoce y que los análisis independientes discuten abiertamente.
El contraste sirve para dos relatos opuestos. Quien defiende que Moscú aguanta mejor recurre a la comparación histórica: en las guerras de Chechenia no murieron ni la quinta parte de esa cifra, luego el desgaste actual es enorme para ambos bandos. Quien defiende lo contrario responde que Rusia tiene más reservas humanas y una economía orientada a la guerra. El cálculo completo, partida a partida, deja conclusiones que no cuadran con ninguna de las dos certezas.
La contraofensiva que los expertos prometieron
A principios de junio,
David Petraeus anticipó una contraofensiva ucraniana «muy impresionante». Lo que vino después fue, según el ex coronel estadounidense
Cedric Leighton, un atasco:
ocho meses sin cambios territoriales relevantes, triple línea defensiva, campos minados, trincheras y trampas anticarro que frenan cualquier avance directo.
Ahí está el núcleo del giro. La autoridad militar que prometió un avance fulgurante se equivocó, y quienes dudaron del pronóstico se acercaron más a la realidad del terreno. Cuando el desmentido lo firma la propia tribuna que amplificó la promesa, el relato no se corrige: se derrumba.
El rublo, el gas y la guerra que se alarga
El frente económico juega en dos direcciones. Por un lado, se argumenta que
un 70% de los países no ha aplicado sanciones a Rusia y que los BRICS ganan adhesiones, con un bloque que controla buena parte de las materias primas y comercia al margen del dólar. Por otro, la dependencia de los chips y del comercio con China limita cualquier euforia rusa.
Europa, mientras, afronta un problema energético que no se agota en un invierno. La sospecha de que el sobrecoste se traslade a los hogares de forma sostenida alimenta la tesis de que el continente necesita una salida negociada antes de que el desgaste sea irreversible.
Qué gana y qué pierde Ucrania en un escenario de paz
La hipótesis que se abre paso es una Ucrania neutral, con garantías para la población prorrusa del Donbás y con las posiciones maximalistas aparcadas. En el debe, la reconstrucción y la pérdida demográfica. En el haber, la posibilidad de integrarse en la Unión Europea, aunque esa entrada también genera dudas por el peso de los oligarcas y el derecho de veto.
Rusia, por su parte, mantendría territorios —Crimea, parte del Donbás y el sur— y seguiría siendo una potencia de materias primas. No es una victoria limpia para nadie, y precisamente por eso deja de ser
impublicable.
Cebrián ha abierto la puerta. Los expertos que se equivocaron seguirán dando lecciones, los medios que cambiaron de guion no explicarán por qué, y el lector, que llevaba dos años leyendo que todo iba según lo previsto, tendrá que decidir si esto es un análisis o una factura.