Camiones a Ceuta: la presión migratoria como arma política
Para la “marcha verde” del siglo XXI no hacen falta pies: hacen falta camiones. Esta semana, los movimientos de vehículos pesados hacia Ceuta han reabierto la discusión sobre el uso de la migración como instrumento de presión sobre España. Mientras unos ven la mano de Marruecos, otros señalan la presunta cooperación española.
La tesis de la complicidad gubernamental parte de una observación simple: ningún camión cruza la frontera sin autorización. La respuesta contraria recuerda que el traslado de personas en estos vehículos se autoriza desde hace años. La diferencia, dicen, es la escala: «hacer lo de siempre, pero a lo grande».
Sea como sea, la carestía de datos oficiales es llamativa. No hay cifras de cuántos vehículos, ni de cuántas personas, ni una sola declaración institucional. La imagen de un policía regulando el tráfico como si tal cosa circula como símbolo de una normalidad que parece aceptada.
Detrás queda un patrón histórico: Marruecos ha utilizado tradicionalmente los flujos migratorios como herramienta de negociación. Traer a este terreno el recuerdo de la marcha verde original no es casualidad. El asunto, de momento, se atasca en el mismo punto que la frontera: sin despejar quién mueve realmente los hilos.