Félix Rodríguez de la Fuente: la investigación sobre su muerte
Un naturalista muerto en un helicóptero en Alaska, un juez de la Audiencia Nacional y la denuncia de un particular. Con esos tres mimbres se ha levantado una teoría que lleva años circulando: que a Félix Rodríguez de la Fuente no lo mató un accidente, sino un plan para impedir que llegara a la presidencia del Gobierno y, de paso, dejar el camino libre al desmontaje de la familia. La hipótesis no está acreditada. Y, aun así, explica por qué el personaje sigue siendo incómodo tantos años después.
La versión más extendida sitúa el origen en una noticia de julio: la Audiencia Nacional habría abierto una investigación sobre el accidente de helicóptero que acabó con la vida del naturalista y con la de dos compañeros de programa. El juez
José de la Mata habría apreciado indicios de delito tras la denuncia de un particular que mantiene el anonimato. El argumento de aquella denuncia se apoyaba, en buena parte, en el especial de
Cuarto Milenio titulado «Félix, el último héroe» y en un detalle que se repite: TVE nunca hizo públicas las grabaciones de aquel día. De ahí la expresión «ley del silencio».
¿Por qué se sostiene que Félix Rodríguez de la Fuente fue asesinado?
Porque, según quienes defienden la tesis, su muerte llegó justo cuando preparaba un salto a la política electoral y era previsible que arrasara en las urnas. En esa lectura, el siniestro habría interrumpido el proceso de «degeneración y aniquilación» de la sociedad española y, por eso mismo, habría sido eliminado. Ninguna pieza de las que se citan equivale a una prueba: hay una denuncia, hay indicios apreciados por un juez en una fase inicial y hay una sospecha convertida en certeza a fuerza de repetirse.
Conviene separar planos. Una cosa es que exista una investigación abierta, extremo que a la fecha de esta discusión se daba por descontado en determinados círculos, y otra que exista un relato cerrado sobre móviles, autores y beneficiarios. El salto entre ambos se da en un párrafo. Buena parte de las réplicas despacha la hipótesis con sorna y recuerda que una sospecha sin resolución judicial no es un hecho.
Qué decía Félix sobre la madre, los hijos y la familia
Se declaraba «diferencialista»: partidario de que macho y hembra cumplan misiones complementarias y no de competencia. Jamás negó la realización profesional de las mujeres, pero la consideraba
«altamente peligrosa para la especie» si excluía el contacto con los hijos. Llegó a decir que si todas las mujeres dejaran a sus hijos en guarderías sería «una gran catástrofe para la humanidad», y consideraba sagrada su función como «engendradora de sabios». Son frases recogidas en el volumen
Félix Rodríguez de la Fuente. La voz de la naturaleza, de 1990, y son la base sobre la que se ha construido el resto del edificio argumental.
Del feminismo a la natalidad: el relato que enlaza todo
El hilo conductor es demográfico. Se sostiene que existe una operación deliberada para vaciar de madres la sociedad española y sustituir la unidad reproductiva por formas de convivencia sin descendencia, presentada como «ingeniería social» y atribuida sin pruebas a agentes indeterminados. También circula el argumento de que el mercado laboral es finito: si los puestos los ocupan mujeres, se esteriliza a la mujer y se deja al hombre sin capacidad de formar familia. Un tercer tramo culpa al abandono de la soberanía, a la inmigración y a la legislación de divorcio de la caída de la natalidad.
Nada de esto viene con datos que resistan un mínimo examen, y algunas de esas afirmaciones se apoyan en tópicos sobre colectivos enteros que la evidencia no respalda. Que la
natalidad española se hunde es un hecho. Que el hundimiento tenga un autor identificable y un plan escrito es una creencia. Entre una cosa y otra hay un océano.
Dieta, evolución y diabetes: el frente que nadie esperaba
En mitad de la discusión aparece un asunto que no tiene nada que ver con helicópteros ni con juzgados: qué comía el ser humano antes de la agricultura. Una parte defiende que somos primates de base frugívora, que la carne se consumía de forma esporádica y que la epidemia de diabetes tipo 2 es una enfermedad digestiva asociada al exceso. Se citan el pH gástrico, que varía entre 1 y 3 según costumbres, y el coeficiente de diferenciación intestinal: 0,8 en humanos frente a menos de 0,6 en los faunívoros.
La réplica es igual de tajante: la especie lleva millones de años cazando, la agricultura como dieta dominante es una desviación reciente y el problema de fondo es comer demasiado y moverse poco. En medio asoma la hipótesis del simio acuático, según la cual una rama de primates primitivos fue empujada a alimentarse en la orilla del mar, lo que explicaría el bipedismo y la habilidad natatoria del recién nacido. El asunto no se resuelve aquí, y desde luego no se resuelve en una discusión de sobremesa.
Carrero Blanco, Juan Carlos y la factura militar
El otro gran bloque es geopolítico. Se afirma que la CIA utilizó a ETA para asesinar en
1973 a Luis Carrero Blanco, con el PNV como facilitador, y que el explosivo era C4 «fabricado en Estados Unidos para el uso exclusivo de sus Fuerzas Armadas», según un informe de los servicios secretos españoles que se cita sin más respaldo. La escenificación del atentado, dice esta lectura, buscaba aterrorizar a un establishment envejecido que prefería disfrutar de la riqueza acumulada.
De ahí se salta a la llegada de Juan Carlos I y a la cesión del Sáhara, a la pérdida de soberanía y al petrodólar como mecanismo de control. El soporte numérico llega con el gasto militar estadounidense, que alcanzó los
877.000 millones, y con el ránking de contratistas: Lockheed Martin, Boeing en su división de defensa, BAE Systems, Northrop Grumman y Raytheon, todos por encima de los 24.000 millones de ventas. La comparación completa, compañía a compañía con su cifra exacta, deja a las claras dónde está el negocio.
Con la causa en un limbo del que no se conocen avances públicos, lo probable es que la teoría siga alimentándose de cada silencio administrativo. Si algún día se archiva sin explicaciones, no desaparecerá: mutará. Los relatos que no necesitan pruebas rara vez mueren por falta de ellas.