Airbus Getafe y el ascenso que nadie sabe si fue por mérito
Carla Fernández dirige Airbus Getafe. Es ingeniera aeronáutica y, según quienes han trabajado con ella, una de las personas más brillantes que se cruzan en una carrera técnica. Hasta ahí, el dato. El problema empieza cuando se pregunta cómo llegó hasta ahí. La respuesta, en el sector, se parte en dos: mérito propio o cuota de género. Y esa duda, que no es nueva, contamina a cualquier mujer que asciende en una empresa con políticas de igualdad.
Qué se sabe del nombramiento y por qué genera dudas
Airbus España opera con programas internos de diversidad de género, entre ellos una red de voluntarios que trabaja para reducir la brecha entre hombres y mujeres en puestos de liderazgo. La empresa los publicita como parte de su estrategia. En ese contexto, cada ascenso femenino a un cargo directivo queda bajo sospecha automática: ¿llegó por capacidad o por cupo?
La discusión no es exclusiva de esta compañía. La Ley de Igualdad y las sucesivas normas europeas obligan a las empresas a corregir desequilibrios en los consejos y en la alta dirección. Eso significa que, en la práctica,
una parte de los ascensos responde a criterios de representación, no solo a evaluación técnica. Y cuando eso ocurre, el efecto colateral es demoledor para las mujeres competentes: se les presupone el atajo.
Hay quien sostiene que la directora de Getafe es un caso claro de promoción por méritos. Quienes la conocen la describen como inteligente, simpática y respetuosa, y aseguran que no solo está capacitada, sino que da mil vueltas a muchos de sus colegas. En contra pesa un argumento difícil de rebatir: en una empresa con cuotas,
nunca se podrá demostrar que un ascenso concreto se debió exclusivamente al talento. La cuota distorsiona la lectura de todos los currículos.
Airbus Getafe: la fuga de ingenieros que nadie quiere reconocer
El otro gran asunto que aparece alrededor de este nombre es la gestión de la plantilla técnica. Airbus Getafe se ha convertido, según varios testimonios del sector, en una plaza poco atractiva para perfiles de IT subcontratados. La rotación es alta: los que llevan tiempo se van y los que entran no duran. No hay confirmación oficial de que eso tenga relación con la dirección actual, pero la fama se ha consolidado.
La comparación con otras plantas europeas es inevitable. Quienes han trabajado en Francia o Alemania describen condiciones bastante mejores para los técnicos. La diferencia no se atribuye tanto a Airbus como grupo, sino a la gestión local y al peso de la subcontratación. En España, el modelo de cárnica tecnológica hace que los sueldos y la estabilidad queden por debajo de lo que se paga en otros países de la misma empresa.
A eso se suma un problema estructural que trasciende a esta compañía: la falta de industria.
La última línea de producción española, la del C295, se ha cedido a la India. Sin fábrica, no hay diseño ni certificación. La mayoría de los ingenieros aeronáuticos españoles acaban en administración, gestión o control de calidad, no en el desarrollo de producto. Eso explica que muchos cobren lo que cobran.
El cálculo que nadie discute: cuántos ingenieros ha perdido España
Una de las aportaciones más citadas en la conversación es una estimación sobre la emigración técnica española. No hay cifra oficial, porque ningún gobierno ha tenido interés en publicarla. Pero los cálculos parciales que circulan apuntan a que
entre 300.000 y 500.000 ingenieros y técnicos podrían haber salido de España en los últimos 25 años. El fenómeno se intensificó tras la crisis de 2008 y no se ha revertido.
La horquilla es amplia porque las estadísticas específicas no existen. Se construye a partir de datos fragmentarios de colegios profesionales, registros de emigración y encuestas de inserción laboral. Aun así, el orden de magnitud es difícil de discutir: España forma ingenieros y los exporta. Los que se quedan, en muchos casos, ocupan puestos que no requieren su titulación.
La pregunta que sobrevuela todo el asunto es si la dirección de Airbus Getafe, con sus políticas de plantilla y su modelo de subcontratación, contribuye a frenar esa sangría o a acelerarla. No hay respuesta cerrada. Lo que sí hay es una percepción extendida en el sector:
España es, entre los países desarrollados, uno de los peores destinos para trabajar en ingeniería. Y eso no lo arregla un nombramiento, por brillante que sea la persona nombrada.
El debate sobre Carla Fernández no es realmente sobre Carla Fernández. Es sobre un sistema que mezcla cuotas, subcontratación y falta de industria, y que deja a las mujeres competentes con la carga de demostrar dos veces lo que a un hombre se le presume. Con estos mimbres, cualquier ascenso femenino seguirá generando la misma sospecha. Y mientras no se separe el mérito de la cuota, la duda no se irá.