52 euros ya no dan para 7 kilos de carne: la inflación en el mostrador
La cesta de la carne en tiempos de socialismo
Hace cinco años, con 52 euros en la carnicería te llevabas un kilo de cada uno de los cortes básicos: carne picada, morcillo para guisar, filetes y cinta de lomo, más dos pollos. Siete kilos de carne en total, y aún sobraba para un café. Hoy, esa misma cantidad apenas cubre la mitad.
La comparación circula estos días como un termómetro de la pérdida de poder adquisitivo bajo los gobiernos de Pedro Sánchez. Pero la foto fija no cuenta toda la historia: el precio de la carne no solo depende de la política doméstica. Los fertilizantes se dispararon tras la guerra de Ucrania, las sequías golpean los pastos y la cadena global de cereales —la base de la alimentación animal— se resiente por tensiones en Argelia y Marruecos. Una tormenta perfecta que se cobra en el mostrador.
¿Causas locales o globales?
Hay quien señala directamente al gobierno: cinco años de socialismo han traído más impuestos, más regulación y una corrupción que desvía recursos. Otros, en cambio, recuerdan que la inflación alimentaria no es un invento español —en Estados Unidos, un kilo de carne de ternera ronda los 13 dólares en Walmart— y que culpar a un solo partido es simplificar un problema complejo.
Lo cierto es que la cesta de la carne se ha encogido. Y el debate sobre quién paga el pato —nunca mejor dicho— está servido.