Su cuenta supone que el 28,30% de contingencias comunes compra solo pensión de jubilación, y no es así. En la nómina de agosto de 2026, de 14.470 millones, la jubilación son 10.626, el 73,4%. El resto va a viudedad (2.288), incapacidad permanente (1.331) y orfandad (186).
Aplicando esa proporción, de los 606.000 cotizados corresponden a jubilación unos 445.000. A 2.500 netos son 178 meses: casi 15 años, no 20. Y un varón que cumple 65 hoy tiene por delante 19,87 años de esperanza de vida; una mujer, 23,64 (INE, indicadores demográficos 2024). Jubilándose a los 64, sume un año más.
Un matiz contra mi propio número: la viudedad no es dinero que se le escape, es una prestación para su propia casa. Pero entonces hay que sumarla al cómputo, no restarla, y la viuda cobra entre el 52% y el 70% durante los años que le sobrevive.
Y el caso que ha elegido es el más favorable que existe: 35 años seguidos por la base máxima. Por debajo de eso, que es lo que cotiza casi todo el mundo, la cuenta empeora.