El silencio que dejó una frase sobre Mossos y el caso Begoña Gómez
¿Se puede gobernar con la mujer imputada por corrupción y el fantasma de una fuga que otros ya consumaron? Esa es la pregunta que sobrevuela el debate público después de que, en un programa de televisión, un periodista de la COPE soltara una frase que dejó mudos a los tertulianos: «Pues los mossos ayudaron a escapar a Puigdemont…». El presentador, Jesús Cintora, y el resto de colaboradores —habitualmente locuaces— hicieron un silencio espeso y viraron el guion. El momento, difundido en redes, ha reabierto la teoría de que la medida cautelar impuesta a Begoña Gómez (retirada de pasaporte y comparecencia quincenal) no es tan descabellada como algunos sostienen.
El precedente Puigdemont: dos fugas y un cuerpo policial señalado
La comparación, aunque polémica, tiene base fáctica. Carles Puigdemont logró eludir la orden de detención de la Audiencia Nacional en dos ocasiones: la primera escondido en el maletero de un coche, la segunda reapareciendo en Barcelona para dar un mitin y desapareciendo después. En ambas, según diversas fuentes, contó con la colaboración de mossos d'Esquadra, un cuerpo que, pese a depender de la Generalitat, forma parte del sistema de seguridad del Estado y ejerce funciones de policía judicial. El juez instructor del caso contra la esposa del presidente, Juan Carlos Peinado, parece haber tomado nota: «Peinado no se fía ni de la Policía ni de Begoña. Punto», resumía un análisis compartido en círculos jurídicos. La decisión de retirar el pasaporte a la investigada —que no podrá salir de España mientras dure la instrucción— se apoya precisamente en el riesgo de fuga, un riesgo que algunos consideran mínimo pero que el juez ve factible dada la capacidad económica y de contactos de la implicada.
La defensa de Begoña Gómez argumenta que la medida es desproporcionada, que no hay posibilidades reales de que una figura tan mediática intente escapar y que, además, su marido es presidente del Gobierno. Pero el contrapunto llega rápido: ¿qué dirían esos mismos argumentos si el presidente fuera de otro partido? En la discusión pública se recuerda que Luis Roldán, exdirector de la Guardia Civil, también se fugó; que Bettino Craxi huyó de Italia; que hasta Trump intentó eludir la justicia. La excepción española, si la hubiera, no sería tanto por el perfil de la investigada como por la tolerancia política hacia el entorno del presidente.
Imputaciones múltiples y un curriculum cuestionado
Más allá del pasaporte, el caso contra Begoña Gómez acumula hasta cuatro presuntos delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y un blanqueo de capitales que aún se investiga en Europa. El núcleo de la instrucción se centra en su etapa como directora del África Center del IE y sus vínculos con el empresario Juan Carlos Barrabés, a quien habría favorecido en la adjudicación de contratos públicos de Red.es, según la acusación. Además, se cuestiona su formación académica: lideró una cátedra universitaria sin tener titulación superior conocida, un extremo que la defensa no ha desmentido de forma concluyente. «La causa se centra en la etapa en la que dirigió el África Center del IE y sus vínculos con el empresario Juan Carlos Barrabés», recoge el auto judicial, que ya ha provocado que la Audiencia Provincial de Madrid evalúe si mantiene o no la prisión provisional —medida que el juez Peinado evitó pero que queda sobre la mesa.
El hermano del presidente, David Sánchez, también está imputado en otra pieza separada por presuntas irregularidades en su contratación en la Diputación de Badajoz. La acumulación de frentes judiciales en el entorno de Pedro Sánchez no tiene precedentes en la democracia española, y la pregunta recurrente es: ¿cuánto puede aguantar un gobierno con la familia directa del presidente bajo sospecha?
El relato oficial y el desgaste político
Desde la Moncloa se insiste en que son «ataques de la ultraderecha judicial» y que Begoña Gómez es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero los datos de percepción pública, incluso entre votantes del PSOE, muestran un desgaste silencioso. La propia dinámica del debate televisivo —ese silencio incómodo cuando se mencionó a los Mossos— revela que el tema incomoda incluso a los aliados habituales del Gobierno. La ironía del asunto es que, mientras se discute si la esposa del presidente puede o no viajar al extranjero, el expresidente catalán Puigdemont sigue en Waterloo dando mítines sin que nadie le haya puesto una multa por desacato. Las piezas del tablero, para algunos, encajan: si la justicia no puede con unos, difícilmente podrá con otros.