La crisis de Ceuta: un mes después, nadie la quiere mirar de frente
Llevamos un mes de una crisis que no debería llamarse crisis: debería llamarse espejo. El último cruce masivo hacia Ceuta ha dejado dos lecturas irreconciliables: la que ve una emergencia humanitaria y la que describe una “guerra híbrida” orquestada desde Marruecos. Y, en medio, un dato incómodo: nadie con evidencia sólida ha explicado qué pasó realmente.
El análisis publicado por El País va al hueso: la tensión en la ciudad autónoma se ha hecho insoportable, derivó en abusos y enfrentamientos, y lo único que parece claro es que la respuesta institucional ha llegado tarde y mal. Añade una advertencia que muchos prefieren ignorar: las personas migrantes se han convertido en “ariete político”, en combustible electoral para todas las partes.
La paradoja marroquí
La discusión de fondo esconde una contradicción económica difícil de sostener. Si Marruecos es un país seguro, como repite el Gobierno, la devolución de migrantes debería ser un trámite administrativo. Si no lo es, resulta difícil de explicar que la UE mantenga acuerdos comerciales con un país que organiza mundiales de fútbol, instala fábricas de coches y usa sus puertos para comerciar con Europa. Las dos cosas no pueden ser verdad a la vez; el coste de la contradicción lo pagan las personas atrapadas en Ceuta.
Entre la lectura humanitaria y la geopolítica, el episodio también ha servido para que aflore la versión más identitaria del problema: la que convierte la migración en una cuestión cultural y exige mano dura. Esa corriente no aporta datos, pero marca el tono de la conversación pública y condiciona cualquier solución razonable.
Si algo se puede pronosticar con cierta seguridad es que esto no se ha acabado. La UE seguirá oscilando entre la condena humanitaria y el pacto con Marruecos, y la frontera sur seguirá siendo un escenario de tensión a la espera de que alguien decida tratar la migración como un asunto político de fondo, no como un problema policial. No hace falta ser profeta para ver la siguiente oleada llegando.