Lo del español promedio ya no es ni racismo, es clasismo.
Contra los ricachones que le explotan laboralmente, que le suben el precio de la vivienda, de los alimentos... jamás le verás confrontar. Al contrario, es servil con el privilegiado hasta el punto de comportarse como chivato y como saboteador con cualquier compañero de trabajo que ose protestar por la situación de todos.
Eso sí, llegan un puñado de personas (forasteros o nacionales) que se montan una choza con cuatro palos en medio de un descampado y que malviven en condiciones muy precarias, y allí le verás a él: el primero en quejarse o en ir directamente a destruirle la tienda de campaña.
Estoy tremendamente decepcionado con la gente de este país. Y podéis ahorraros los comentarios que vengáis a decirme, ya que no voy a leer respuestas a este comentario.