Ceuta y Melilla, la defensa imposible del flanco sur
Dos ciudades españolas, pegadas al continente africano, sin margen de maniobra. La metáfora gruesa que las describe como los orificios de España no es exacta, pero apunta a algo real: son la puerta de entrada por la que cualquier presión exterior encuentra vía libre.
El análisis militar es demoledor. La frontera terrestre carece de profundidad: no hay terreno para retroceder ni maniobrar. Un disparo desde el monte marroquí alcanzaría el centro urbano. Y sin necesidad de tanques, Marruecos puede asfixiar las ciudades con presión migratoria o cerrando la aduana a voluntad. El abastecimiento depende del mar, y el Estrecho es un embudo: cualquier incidente cierra el grifo y ni barcos ni aviones resisten semanas de bloqueo. A esto se suma la superioridad marroquí, con el doble de efectivos y material moderno.
El otro frente no es geográfico, sino mental. Desde el sur de la península se ve la costa africana a simple vista, y hay quien sostiene que sin voluntad defensiva el problema empieza mucho antes de Ceuta y Melilla. Si el país no asume lo que tiene delante, lo dicho: tendrá lo que merece.
El dato que descoloca: el punto débil no son las ciudades, es todo lo que hay detrás. Porque cuando alguien encuentra el agujero, ya sabe que no hay quien lo defienda.