Rebajar las pruebas de bombero para lograr un 30% de mujeres
Una bombera forestal ha planteado modificar los exámenes físicos de acceso a los cuerpos de bomberos para que las mujeres alcancen el 30% de las plazas. España ronda hoy el 1% de efectivas. La idea encaja con el discurso de la igualdad, pero un incendio no entiende de cuotas: cuando falla el procedimiento, la condición física del bombero es la última barrera.
El argumento igualitario frente al trabajo real
Quienes apoyan la reforma sostienen que las pruebas actuales, diseñadas mayoritariamente por y para hombres, ignoran la diferencia media de capacidades físicas entre sexos. En otros países, añaden, la proporción de bomberas alcanza el 30% con baremos adaptados. En el lado contrario, la respuesta es rotunda: no se trata de superar una carrera, sino de arrastrar mangueras cargadas, extraer víctimas o trabajar con equipos de decenas de kilos. El precedente de María Luisa Cabañero, la primera bombera de España, que superó los mismos exámenes que sus compañeros, se cita constantemente. Y la discusión se enreda cuando alguien propone el espejo: si se rebajan aquí los mínimos para un colectivo, ¿por qué no también las notas de acceso en carreras donde las mujeres son mayoría?
El trasfondo económico: no es lo mismo un ayuntamiento que un monte
El debate adquiere otra dimensión cuando entran los salarios. La protagonista es bombera forestal, un cuerpo donde las retribuciones van de 17.000 a 28.000 euros brutos anuales. Los bomberos de un ayuntamiento grande cobran entre 35.000 y 55.000. La diferencia no es menor y alimenta la sospecha de que la flexibilización de pruebas persigue el acceso al cuerpo mejor pagado antes que un objetivo de representación femenina. Es una lectura cínica, pero los números la hacen difícil de descartar.
El límite: la seguridad no admite cuotas
En el fondo, la cuestión es operativa. En una intervención real no hay margen para la improvisación física. Se ha comparado con la NASA: aunque la nave haga casi todo, el astronauta necesita un estado excepcional para cuando el plan falla. El edificio en llamas es un medio hostil, y el bombero debe ser casi un atleta. Los que se oponen a la cuota sostienen que elegir a los mejores no es elitismo, sino garantía de que quien entra podrá sacar a alguien con vida. Bajar el listón para alcanzar un 30% prefijado puede significar que el compañero de dotación asuma más riesgo.
La propuesta no ha prosperado, pero el pulso está servido. Mientras tanto, queda el dato incómodo: la primera mujer bombero de España superó las mismas pruebas que los hombres. El fuego, entretanto, sigue sin leer informes de género.