GPT-6 Astra: la AGI que OpenAI necesita para su próxima ronda
OpenAI ha declarado que su nuevo modelo, GPT-6 Astra, es inteligencia artificial general. La afirmación, hecha por su presidente Greg Brockman, ha encendido la mecha de un debate que mezcla ciencia, marketing y dinero. Pero la realidad, como suele ocurrir, es más compleja que el titular.
Qué es GPT-6 Astra y por qué ha revolucionado las demos
Las demostraciones que circulan estos días son, cuando menos, espectaculares. Un usuario pidió a Astra un juego de karts completo y lo generó en el navegador: ocho corredores, tres vueltas, derrapes, ítems, física y gráficos. Otro le entregó un PDF de 38 páginas con planos de una cabaña y en diez minutos obtuvo un recorrido 3D a escala del interior y exterior. También hay ejemplos de edición de vídeo automatizada, composición musical en estilo romántico tardío y superación de los 48 niveles del juego «I'm Not a Robot». La pregunta es si todo esto es real o si, como sospechan muchos, se trata de un montaje bien orquestado.
El escepticismo: humo para la ronda de financiación
La corriente dominante en el análisis técnico es que la etiqueta «AGI» llega en el momento perfecto. OpenAI necesita cerrar una nueva ronda de financiación y, según las estimaciones, el coste de entrenar y operar estos modelos es astronómico. La «supervisión» que venden es, para muchos, una cortina de humo para que los reguladores no miren la agenda. Y es que esto no va de ciencia, va de quién controla el horno. Y el horno es carísimo. Los vídeos de las demos son teatro para el personal, argumentan los escépticos, que recuerdan que nunca se muestra a la IA trabajando, solo el resultado final.
China, las GPUs y el coste real de la IA
La comparación con las IAs chinas también ha vuelto a la mesa. Durante meses se ha repetido que los modelos chinos eran más baratos y eficientes, que iban a pinchar la burbuja. Ahora, con Astra sobre la mesa, esos argumentos se han desvanecido. El coste del hardware es el verdadero cuello de botella: para correr un modelo decente en local se necesitan 24 GB de VRAM, y ni de lejos a la velocidad de una H100 o una H800. Sin embargo, el dato que aporta Epoch AI es revelador: desde 2023, el rendimiento de los chips de IA por dólar gastado ha aumentado alrededor de un 49 % anual. Es decir, la mejora es real, pero el precio sigue siendo prohibitivo para la mayoría.
¿Tsunami laboral o exageración?
El impacto en el empleo es el otro gran frente. Hay quien vaticina un tsunami de desempleo y crecimiento económico, y quien sostiene que los informáticos siempre serán necesarios. Los datos de la robótica apuntan en una dirección: AgiBot, fabricante chino de humanoides, ha disparado sus envíos un 562 % y se ha quedado con el 44 % del mercado global, desbancando a Unitree. Eso sugiere que la automatización física avanza más rápido que la propia IA. Mientras tanto, en sectores creativos ya se nota el cambio: un profesional del sector asegura que en su negocio el cambio es brutal, y que a la larga trabajarán cuatro personas donde antes había veinte.
El debate de la conciencia y la computación cuántica
En medio del ruido, hay quien recuerda que la IA seguirá siendo una máquina sin conciencia, y que el verdadero salto vendrá de la computación cuántica, sobre todo en la búsqueda de nuevas moléculas para fármacos y materiales. La discusión sobre si los modelos estadísticos pueden alcanzar la conciencia es, probablemente, la más antigua y la menos resolubles de todas.
Cierre: una apuesta con reservas
Si Astra cumple lo que promete, el mercado laboral tecnológico sufrirá una sacudida. Si es solo humo, la burbuja reventará antes. La historia reciente de la IA sugiere que la verdad está en el término medio, pero el camino hasta allí será ruidoso. Mientras tanto, los informáticos pueden ir recogiendo sus cosas. O no.