Chechu y el mito de la cura de la calvicie que nunca llega
¿Por qué hay tantos calvos en España? ¿Y por qué nadie ha puesto aún en el mercado una pastilla que devuelva el pelo perdido? La polémica en torno a Chechu —presentado como un antiguo niño actor de la televisión reconvertido a otros negocios— ha servido para reabrir un asunto que trasciende a cualquier persona concreta: la supuesta plaga capilar española y la sospecha, nunca demostrada, de que la solución existe y se esconde.
Por qué España parece el país de los calvos
Existe la impresión, alimentada a partes iguales por la estadística informal y la coña, de que en España se repite un mismo perfil físico: hombre calvo, barriga generosa, cara de no haber dormido. La homogeneidad de la población se ha esgrimido como explicación, igual que el estrés, la alimentación o el clima. Ninguna de esas hipótesis tiene respaldo serio, pero todas circulan con la misma soltura. El aeropuerto de Estambul, se sostiene, reúne cada verano a una colonia notable de calvos hispanos.
Quien rastreó el caso lo corrigió de inmediato: la boda no se celebró cuando se afirmó, sino en 2021, y el empleo atribuido en una gran superficie no cuadraba con la versión de negocios de hostelería.
La cura que ya existiría, según la teoría
La línea más repetida sostiene que la cura de la calvicie existe desde hace tres décadas y que nadie la comercializa. La prueba sería el fútbol: antes era normal ver dos o tres calvos en un equipo de jugadores de entre 17 y 34 años; a partir de 2010, cuando cierta pastilla dejó de estar prohibida, apenas queda ninguno. El patrón se extiende a los famosos y hasta a una película de principios de los 2000 que ya planteaba la sospecha. La conclusión: sin nadie que necesite una cura nueva, ninguna farmacéutica tiene incentivo para lanzarla.
El detalle que lo descoloca todo
Lo que casi nadie menciona es que el tratamiento estrella no devuelve el pelo: solo frena su caída, y hay que tomarlo a diario de por vida. Justo el modelo de negocio que la sospecha señala. Con ese panorama, lo raro no es que la cura definitiva no llegue. Lo raro es que todavía quede alguien esperando a que se la vendan.