Disparos en la oreja de Trump: el relato que no cuadra
¿Qué pasó exactamente en el mitin de Trump en Pensilvania? La versión oficial habla de un intento de asesinato. El tirador, identificado como Crooks, habría disparado desde un tejado a unos 120 metros. Trump resultó ileso salvo por un impacto en la oreja. Hasta ahí, el relato que han repetido todos los medios. Pero en cuanto se rasca un poco, el guion se deshilacha por varios sitios a la vez.
El primer problema es balístico. Un cartucho de 5,56 × 45 mm, el calibre que se atribuye al arma del atacante, no roza una oreja: la destroza. Lo resume con crudeza un participante: «si le roza una bala acaba con media oreja». La comparación con el boxeador Evander Holyfield, al que un mordisco le arrancó media oreja, sirve para ilustrar la escala del daño que debería haber sufrido. En su lugar, aparecen fotografías del expresidente con la oreja aparentemente intacta semanas después.
La coreografía de los guardaespaldas
En un atentado real, los escoltas tiran al objetivo al suelo y lo cubren con el cuerpo. Aquí, según varios análisis que circulan, Trump permaneció de pie, con el brazo en alto, incluso al ser introducido en el vehículo. «Es muy chocante que permanezca girado hacia su derecha tanto tiempo justo antes del disparo», señala un mensaje. La secuencia se lee, para muchos, como una puesta en escena.
El segundo frente es el de los tiempos. Trump desaparece de cámara más de un minuto rodeado de su equipo. Ese intervalo, sostienen algunos, es más que suficiente para un maquillaje rápido. Y el público cercano, que debería haber recibido los disparos que no alcanzaron su objetivo, no se inmuta ni presenta heridas visibles.
¿Quién se beneficia del atentado?
La pregunta política es la más repetida. Un intento de asesinato da votos, y el precedente que se cita es el de Ansar, cuyo nombre aparece en el material. La tesis dominante es que el atentado, real o fabricado, beneficia a Trump. Pero hay una lectura más retorcida: en atentados anteriores el beneficiado era el sector progresista y el conspiracionismo trumpista construyó el relato de la falsa bandera. Ahora los papeles se invierten y es la oficialidad afín a Biden la que alimenta la sospecha.
Al final, la oreja regenerada como la de un personaje de cómic se ha convertido en el símbolo de todo el asunto. La pregunta no es si hubo disparos, sino por qué el relato oficial necesita que nadie mire demasiado de cerca.