Chortileggins: la moda que marca la pezuña y enciende el debate social
Un hombre sale de un centro comercial y tuitea su sorpresa: las shorts de licra han desaparecido, y en su lugar, las mujeres llevan lo que parecen bragas del mismo material, sin ropa interior, marcando cada pliegue. La escena, repetida en decenas de testimonios, ha abierto un frente sobre los límites de la moda femenina y la reacción masculina.
La tendencia que lleva dos veranos afianzándose
No es un fenómeno nuevo. Quienes observan la calle señalan que desde hace al menos dos temporadas estivales, el “chortileggin” —una prenda que combina el tejido de los leggins con el corte extra corto de los shorts— se ha impuesto. La particularidad: se lleva sin ropa interior, lo que provoca que se marquen los labios vaginales, conocido coloquialmente como “marcar la pezuña”. También se ha popularizado la combinación de prendas blancas transparentes con tanga negro, estrategia que, según algunos, busca precisamente resaltar lo que oculta.
Dos lecturas enfrentadas
Por un lado, hay quien interpreta la tendencia como una búsqueda deliberada de atención sexual. Argumentan que si no se quiere mostrar, se elige otra ropa. Por otro lado, están quienes la ven como una evolución natural de la moda femenina: más libertad, menos prejuicios y una estética que prioriza el confort y la exhibición del cuerpo como algo normal. La discusión se enciende cuando se cruza con la edad: varias voces apuntan que son las más jóvenes quienes adoptan estas prendas, a menudo acompañadas de sus madres.
El trasfondo social
El debate va más allá de la ropa. Algunos analistas lo conectan con la progresiva normalización de la hipersexualización en la vestimenta cotidiana, mientras que otros lo reducen a un simple cambio de moda cíclico. La pregunta que queda en el aire es si la intención de quien viste así es provocar o simplemente seguir una estética que ya no distingue entre lo público y lo privado. Como suele ocurrir, la respuesta probablemente sea un mosaico de ambas.
Con la llegada del calor, el chortileggin seguirá desfilando por centros comerciales y playas. Lo que no está claro es si la sociedad llegará a un consenso sobre si es una declaración de libertad o un paso más en la carrera por la atención visual. De momento, la conversación sigue tan encendida como la prenda.