El CIS da al PSOE 6,5 puntos sobre el PP y a Vox un 15,2%
La última entrega del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas dibuja un escenario que, a primera vista, contradice el sentido común más elemental. El
PSOE ganaría las elecciones con un
32,6% de los votos, el PP de Feijóo bajaría hasta el
26,1% y Vox subiría hasta el
15,2%. Sumar se quedaría en el 6,2%, Podemos en el 4% y la formación de Alvise Pérez, SALF, en un 1,9%. La encuesta, atribuida al método de Tezanos, llega con una calificación de 4,1 sobre 10 en el agregador PollCheck, lo que ya avisa del grado de confianza que merece.
La paradoja es evidente: el partido que gobierna y al que se atribuyen casos de corrupción en sus filas sube, mientras la oposición que debería capitalizar el desgaste baja. Y en medio, la ultraderecha, lejos de pagar el precio de la guerra arancelaria que sacude la economía global, se consolida por encima de la barrera del 15%. Un resultado que, de confirmarse, dejaría al PP sin argumento y a Vox con la llave.
Por qué el PP de Feijóo no capitaliza el desgaste del Gobierno
La pregunta que sobrevuela cualquier análisis es por qué el principal partido de la oposición no rentabiliza los escándalos que salpican al Ejecutivo. La respuesta que se impone en los mentideros es que
Feijóo es percibido como un lastre, un líder sin carisma, sin ganas de hacer oposición y sin presencia en Madrid. Hay quien sostiene que el PP se quedó con él por falta de alternativas tras el desgaste interno que provocaron las disputas por sillones entre barones territoriales, y que la aclamación, más que primarias, fue el mecanismo que lo encumbró.
El cálculo que hace un participante del debate es implacable: cada voto que el PSOE pierde y va a parar al PP cuenta doble en términos de escaños, mientras que cada voto que el PP le resta a Vox cuenta simple. Es la lógica del gol fuera de casa en una eliminatoria. Si el PP se dedica a repetir el discurso de la izquierda para arañar votos a Vox, el resultado es que no quita votos al PSOE y encima pierde los suyos. Desde el otro flanco, un forero ironiza sobre
la traición a España de Vox, al que presenta como satélite del enemigo de Europa.
El voto inmigrante y la jornada laboral: la base silenciosa del PSOE
Entre los factores que explican el suelo del PSOE hay uno que se repite con insistencia en el debate: el voto de la población migrante. Salvo excepciones, los inmigrantes votan mayoritariamente al PSOE, y el PP, con su apuesta por traer mano de obra para contener salarios, habría cavado su propia tumba entre los jóvenes de derechas, que se van a Vox o a Alvise. A eso se suma la política laboral: la reducción de la jornada a 37,5 horas y las subidas del salario mínimo son medidas que, según algunos participantes, calan en un país donde la pobreza se ha extendido.
El diagnóstico que se repite es que
España es un país masivamente pobre y que el PP solo ofrece apretar las tuercas al trabajador para competir en salarios con Rumanía y Bulgaria. Con ese menú, el electorado castigado no tendría incentivos para cambiar de voto. La consecuencia, según esta lectura, es que el PSOE conserva un núcleo duro que no se resquebraja ni con los casos de corrupción que salpican a sus dirigentes.
La guerra de los aranceles no frena a Vox
El contexto económico global, con una guerra arancelaria que sacude los mercados y las cadenas de suministro, no ha pasado factura a Vox en las encuestas. Al contrario, la formación de Abascal sube por encima del 15% a pesar de que su discurso proteccionista y anti-globalización debería chocar con los intereses de un electorado que vive del comercio internacional. La explicación que se maneja es que el votante de Vox no vota por economía, vota por identidad, y en ese terreno los aranceles son un ruido de fondo.
Lo que sí parece haber movido el tablero, según algunos participantes, es la percepción de que el PP ha renunciado a marcar perfil propio en inmigración. El maricomplejismo del PP, haciendo seguidismo del PSOE en el asunto, sin atreverse a presentarlo como un problema grave, es la clave que explicaría el trasvase de votos hacia Vox. La ultraderecha no crecería por la guerra comercial, crecería porque ocupa el espacio que el PP deja vacío.
El pucherazo, la desconfianza en el CIS y el voto útil
La reacción más repetida ante el barómetro es la desconfianza. Se habla abiertamente de
pucherazo, de encuestas hechas a medida y de un CIS que funcionaría como herramienta de propaganda del Gobierno. La traducción que algunos hacen del resultado es simple: no votéis a Sumar ni a Podemos, que están acabados; el voto útil es el PSOE, el único capaz de frenar a la ultraderecha. Es el manual clásico del voto útil, aplicado con la precisión de un relojero.
La paradoja es que quienes más desconfían del CIS son los mismos que luego citan sus datos cuando les convienen. Y en el otro extremo, hay quien recuerda que el CIS no se equivocó tanto en las últimas generales y que lo que dice coincide con lo que se ve en la calle. En Asturias, sin ir más lejos, el PSOE volvería a ser el partido más votado con diferencia, según un forero. La brecha entre el relato y el dato sigue abierta.
El desgaste de la marca PP y el futuro de Feijóo
El problema de fondo para el PP no es solo Feijóo. Es la marca. Los votantes más veteranos, los que sostenían al partido en sus feudos tradicionales, van desapareciendo, y entre los jóvenes nadie quiere saber nada del PP, según algunos participantes. Los jóvenes de derechas se van a Vox y a Alvise, y los inmigrantes votan al PSOE. La avaricia del PP por traer mano de obra para bajar sueldos lo ha matado, sentencian algunos.
La pregunta que queda en el aire es si el PP tiene alguien mejor que Feijóo. La respuesta que se oye es que no, que el partido se quedó sin banquillo tras años de purgas internas y que la alternativa que ofrece es la de un espantapájaros. Con ese panorama, el PSOE puede permitirse el lujo de gobernar mal y seguir ganando. ¿Hasta cuándo aguanta el electorado de derechas sin una alternativa creíble?