Minneapolis: el ICE de Trump desata una espiral de violencia que amenaza con incendiar EE.UU.
El 24 de enero de 2026, Alex Pretti, un enfermero de 51 años que protestaba contra las redadas del ICE en Minneapolis, fue acribillado por agentes federales mientras yacía en el suelo con las manos en la cabeza. No era un inmigrante ilegal: era un ciudadano estadounidense, veterano de guerra, blanco y con licencia de armas. Su muerte, grabada desde múltiples ángulos, ha desatado la mecha de un conflicto que lleva semanas gestándose desde que una mujer, Renée Good, murió el 7 de enero en circunstancias similares. La administración Trump, lejos de contenerse, ha doblado la apuesta: el presidente calificó a los agentes de “patriotas” y amenazó con suspender las midterms si las autoridades locales no colaboran.
El perfil de los ejecutores: dos latinos con años de experiencia
Los agentes que dispararon a Pretti fueron identificados como Jesús Ochoa y Raymundo Gutiérrez, ambos de origen latino, con 8 y 12 años de servicio en el ICE y la Patrulla Fronteriza. Sus nombres no calmaron las críticas: la brutalidad no entiende de etnias. Los vídeos muestran a Pretti reducido y esposado mientras recibe golpes en la cabeza; uno de los agentes le vacía el cargador por la espalda. La versión oficial de que “iba armado” se desmoronó cuando las grabaciones confirmaron que su arma había sido inmovilizada. El propio Departamento de Seguridad Nacional (DHS) admitió inicialmente que el sospechoso portaba una pistola y dos cargadores, pero la evidencia visual contradice la narrativa de legítima defensa.
De la guerra contra la inmigración a la guerra civil de baja intensidad
El debate político se ha envenenado. Por un lado, los partidarios de Trump ven en el ICE el brazo necesario para restaurar el orden y deportar a los 20 millones de indocumentados que, según la portavoz Karoline Leavitt, entraron durante el mandato de Biden. Por otro, la resistencia civil se ha organizado: maestras, vecinos y activistas bloquean las calles mientras los agentes, según algunos, actúan con impunidad. En Minneapolis, la mafia somalí de la que el ICE pretendía deshacerse ha pasado a segundo plano: ahora el objetivo es la propia policía federal. La tensión ha escalado hasta el punto de que el Senado republicano ha dudado en financiar la operación, y Trump ha tenido que retirar a 700 agentes de la ciudad, aunque mantiene a 2.000 “investigando”.
El coste económico de la paranoia
El despliegue del ICE no solo tiene un coste humano. Las redadas masivas han paralizado barrios enteros, ahuyentando a turistas y negocios. Los comercios cierran temprano, el transporte público se interrumpe y las protestas han provocado pérdidas millonarias. La economía local, ya lastrada por la crisis del fentanilo, se resiente. Mientras, Trump amenaza con implantar la ley marcial si no se depuran los padrones electorales, una jugada que, según los analistas, busca asegurar las legislativas de noviembre. La pregunta que queda en el aire es si la resistencia pacífica bastará o si, como advierten algunos, el país se encamina a una guerra civil difusa donde cada esquina es un frente.
Debates relacionados en el foro