El inmigrante, simple dedo: ¿quién es la luna?
Afirmar que la inmigración es una invasión y que quienes cruzan la valla son sicarios no cuesta nada. Sostenerlo con datos cuesta algo más: exige responder a una pregunta incómoda: ¿quién financia a quién?
La discusión sobre la frontera de Ceuta tiene una derivada económica que pocos quieren nombrar. Por un lado, se acusa a Vox de criminalizar a los inmigrantes con frases como “sablazo al bolsillo de los españoles para mantenerlos”. Por otro, se responde que el responsable es el gobierno que permite la entrada: “si no hay pagas no hay moros”. El inmigrante es el dedo, el Gobierno la luna.
Se olvida que Ceuta está gobernada por el PP y que las fronteras dependen del Ministerio del Interior. La responsabilidad administrativa se diluye mientras el discurso se radicaliza. El argumento económico más potente de la discusión es el que señala que el flujo migratorio responde a incentivos: si hay ayudas, hay llegadas. Pero esa misma lógica se aplica a la industria del discurso: si hay miedo, hay votos.
Mientras el debate siga en estos términos, el único cálculo que no se hace es el del coste real de una política migratoria coherente. Nadie lo hará: funciona demasiado bien como arma electoral. La factura, como siempre, la pagan quienes no deciden.