Clair Obscur, el RPG francés que aspira a mejor juego de la década
Un RPG de estudio francés, presupuesto contenido y combate por turnos con parry se ha convertido en el punto de fricción de una discusión que llevaba años sin árbitro. La tesis que recorre el asunto es rotunda:
Clair Obscur: Expedition 33 es el mejor videojuego de los últimos diez años, y el listón temporal no es casual. Quien la sostiene fija el precedente en 2015, año de la expansión Blood and Wine de The Witcher 3, y desde ahí no encuentra rival. La afirmación no se queda en el gusto personal: se apoya en un
9,7 de valoración de usuarios en Metacritic y en un
98% de reseñas positivas en Steam que varios compradores citan como motivo para no haberlo probado siquiera en versión pirata.
El entusiasmo convive con el correctivo. Hay quien lo despacha en quince minutos y lo desinstala por ser «un mierdón muy bien aderezado artísticamente». Hay quien avisa de que el
grindeo de otros RPG del género convierte la experiencia en un comehoras. Y hay quien directamente sostiene que los videojuegos se han convertido en el nuevo fútbol: a nadie le importa una mierda ya. Las tres posturas caben en la misma conversación sin que ninguna ceda.
Qué es Clair Obscur y por qué se compara con The Witcher 3
El juego llega firmado por un estudio francés y se apoya en tres patas que sus defensores repiten hasta la saciedad: combate por turnos con
parrys importados de la escuela Sekiro, una dirección artística que varios califican de brillante y una banda sonora de
ocho horas y media compuesta por un músico de 25 años. Ese dato, el de la edad del compositor, aparece como argumento de autoridad en varios mensajes: no se entiende cómo alguien puede parir algo así con 25 años.
La comparación con The Witcher 3 no es decorativa. El precedente se fija en 2015, cuando salió Blood and Wine, y desde entonces ningún lanzamiento había reunido, según esta corriente, la misma combinación de historia, música y combate. La discusión deriva pronto hacia el catálogo de referencia: unos lo sitúan por encima de Persona 5 Royal, otros lo alejan de los Xenoblade y los Persona porque, argumentan, esos son otra cosa. El corte generacional aparece cuando alguien confiesa que ningún juego le emocionaba desde Final Fantasy X, hace unos veinte años.
El combate por turnos con parry: lo que unos llaman profundidad y otros simpleza
El sistema de combate es el campo de batalla más concreto. Quien lo defiende sostiene que añadir el
parry al turno clásico basta para ganarlo todo, y admite que la profundidad es limitada pero que a estas edades tampoco es cuestión de amargarse. Quien lo ataca responde que los juegos de combate por turnos son un mierdón y que este, en concreto, es un mierdón muy bien aderezado artísticamente y de ambientación. Quince minutos y desinstalación fulminante.
Entre ambos extremos aparece la experiencia de la segunda vuelta. Varios jugadores relatan que en la primera partida sufrieron con jefes que les costaban media hora y que en la repetición se los pulen a la primera. La explicación que dan es doble: en la primera vuelta se disfruta la historia, en la segunda el gameplay, y además muchos iban a esquivar en lugar de
parrear, que es la auténtica salud aunque a ratos te comas buenas hostias. El consejo se repite: rejugarlo merece la pena, aunque solo sea para ver los finales alternativos, que el juego graba la partida antes de la lucha final.
La banda sonora y el directo que dividió a los seguidores
La música es, con diferencia, el punto de consenso más amplio. Se describe como lo mejor que se ha hecho nunca en videojuegos, con permiso de las bandas sonoras de Uematsu, y hay quien confiesa haber pasado casi dos meses seguidos escuchando solo eso. El momento cumbre que varios citan es el segundo combate contra Renoir, cuando suena un tema que, dicen, pone al personaje a la altura de Sephiroth o por encima.
El consenso se rompe en la interpretación en directo. Una de las vocalistas mantiene el tipo y suena como el disco, se comenta que está curtidísima. El compositor, en cambio, no domina el escenario: se le notan fallos en la guitarra y se concluye que no es músico de directo o le falta experiencia, aunque se le perdona porque compone a su bola. El cantante invitado, que no es el original, recibe la crítica más dura: le mete demasiado dramatismo y resulta cargante.
El precio, la piratería y el umbral de los 30 euros
La economía del juego aparece en varios tramos. Se cita un precio de
26 euros en tiendas de claves, un
24 euros en páginas grises y un tope personal de
30 euros para comprar cualquier lanzamiento, con la excepción de los títulos de Nintendo porque no bajan. Un comprador relata que lo había pirateado, se sintió mal y acabó comprándolo, y añade que ha comprado pocos juegos en Steam. Otro confiesa que pagó un mes de Game Pass solo por él.
La piratería funciona aquí como termómetro de convicción, no como reproche. El que lo probó gratis y luego pagó lo cuenta sin dramatismo. El que vio el 98% en Steam ni siquiera llegó a probarlo pirata: lo compró del tirón. Y el que espera a que baje de 30 euros simplemente espera, sin que nadie le discuta la decisión.
El DLC para jugadores exigentes y el techo de las 100 horas
El contenido adicional posterior ha generado su propia división. Se describe como un DLC para jugadores de corte exigente, con dificultad artificial bien subida, y hay quien directamente no lo ha tocado. En paralelo aparece la cifra de las
100 horas necesarias para completar todos los jefes ocultos, un umbral que desmotiva a parte de los que ya terminaron la campaña principal.
La cuestión de los finales también se discute. Se sostiene que solo hay un final bueno, el de Maelle, y que el resto se pueden ver sin rejugar porque el juego guarda partida antes del combate final. La traición de un personaje central, Verso, genera los mensajes más encendidos: se le acusa de mentir durante todo el viaje, de dificultar la expedición y de anteponer su drama personal a la gente de Lumiere. El desahogo es catártico y no pretende ser análisis.
La comparación con el cine y la literatura que nadie pidió
En el tramo más valorado aparece una afirmación que desborda el marco: este juego ya es mejor que todas las películas de los últimos 25 años juntas, aunque se concede que tampoco es difícil porque el cine es pura mierda. La literatura se despacha aparte, con la tesis de que lleva setenta años muerta. Son exageraciones de sobremesa, pero funcionan como indicador del grado de entusiasmo.
La gala de premios del sector también recibe lo suyo. Se describe como tan lamentable y soporífera como la de los Oscars, con momentos de vergüenza ajena incluidos. El juego se llevó premios, y el gesto de sacarse el miembro en la ceremonia se celebra como un logro más. El Donkey Kong Bananza también ganó algo, y se reconoce que está muy bien.
El contexto: la generación que da vergüenza ajena
La conversación deriva hacia el estado general del sector. Se sostiene que Ark y Palworld ya se cagan en esta propuesta francesa, y que el GTA 6 será el pistoletazo de salida de una generación que da vergüenza ajena. La idea de fondo es que los últimos diez años han sido pura mierda y que este título es la excepción que confirma la regla.
Frente a eso aparece la retirada. Un participante confiesa que lleva casi seis años sin jugar a ningún videojuego y que está limpio. Otro avisa de que siempre promete no volver a jugar a un RPG de 60 horas y siempre termina cayendo. Y una voz sentencia que los videojuegos se están convirtiendo en el nuevo fútbol y que a nadie le importa una mierda ya. La discusión se cierra ahí, sin árbitro y sin ganas de buscarlo.