Boicot a los productos marroquíes: la llamada que choca con la cadena de suministro
La mano se detiene ante la cesta de judías. Etiqueta al frente, código de barras por detrás: 611. Esa es la herramienta de un boicot ciudadano que ha empezado a circular con la intención de dejar de comprar productos de Marruecos en los supermercados españoles. Frutas, hortalizas y conservas, identificables por un prefijo que delata su origen, son el objetivo de una protesta simbólica contra la política exterior.
Entre las réplicas hay dos corrientes: la que tacha el gesto de infantil y la que reclama medidas políticas en lugar de gestos de consumo. Tampoco falta quien propone hacer exactamente lo contrario, comprar más. La primera trampa del planteamiento, sin embargo, está en la automoción: el llamamiento advierte contra los coches “franceses” como el Peugeot 208 o el Dacia Sandero, cuando buena parte de esa producción sale de fábricas en Marruecos. Comprar “español o europeo” no separa tanto al enemigo como parece.
Los datos de transporte pintan el otro lado del boicot. Cada año más de 100.000 camiones procedentes de Marruecos cruzan la frontera hacia España, la mayoría en tránsito hacia Europa. Las empresas marroquíes operan con unas 80.000 autorizaciones anuales de viaje. El Puerto de Algeciras es la principal puerta de entrada del tráfico rodado, con rutas secundarias en Motril, Almería, Málaga, Huelva y Tarifa. Desde la península, el Corredor Mediterráneo (AP-7/A-7) conecta con la frontera francesa en La Jonquera.
La lista de la compra puede cambiar hábitos. Desmontar ese flujo logístico es otra historia. Mientras el gesto se difunde, los camiones siguen cruzando: 100.000 cada año, con o sin boicot en la cesta.