Vigo adelanta sus luces navideñas en pleno verano: ¿estrategia turística o derroche?
Aún no ha terminado agosto y Vigo ya ha comenzado a colgar sus célebres luces de Navidad. La iniciativa del alcalde Abel Caballero desata críticas: se tacha de exceso, de gesto vacío o de simple postureo. Pero los números invitan a mirar más allá del ruido.
El coste de la luz y la deuda municipal
Vigo presume de tener deuda cero y de haberse convertido en un referente turístico navideño. El gasto en iluminación se defiende como una inversión que atrae visitantes y reactiva el comercio local. Mientras otras ciudades reducen horarios de alumbrado por la crisis energética, Caballero adelanta el encendido. La paradoja no pasa desapercibida: en plena emergencia climática, se iluminan las calles cuando aún es de día.
¿Cuánto cuesta realmente?
No hay cifras oficiales en el debate, pero se rumorea que ciertas adjudicaciones benefician a empresas afines. El argumento económico se sostiene en el retorno: hoteles llenos, restauración a tope y una marca ciudad que ha superado a La Coruña en atractivo. Sin embargo, los críticos apuntan a que el dinero podría destinarse a servicios sociales o infraestructuras más urgentes.
La polémica política y el timing
La fecha de colocación —verano— alimenta las acusaciones de electoralismo. Con elecciones municipales no tan lejanas, el adelanto se interpreta como un gesto populista. Pero el propio Caballero lleva años consolidando este modelo: Vigo es hoy la capital española de la Navidad. Que guste o no, los datos de ingresos turísticos le dan la razón a su estrategia, aunque el debate sobre su sostenibilidad sigue abierto.