Cómo crear tu semilla para Bitcoin sin confiar en ningún hardware. Lunaticoin

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Bitcoin sin hardware: la semilla a mano, entre la seguridad y el absurdo​

¿Hasta dónde llega la desconfianza? Tras la brecha de datos de Trezor que afectó a casi 14.000 clientes, una parte de la comunidad Bitcoin ha rescatado un método radical: generar la semilla BIP39 sin tocar ningún hardware. Solo dados, papel y cálculos. El inconveniente lo resumen los críticos: el checksum exige unas 2.000 rondas del algoritmo SHA-256. A lápiz y papel, se tarda más que en crear la propia cartera.

El método, que algunos ya califican de «lunático», reduce la última palabra del checksum a 16 candidatas y la verifica después en una hardware wallet. Ahí está la paradoja: el proceso que presume de prescindir de dispositivos termina necesitando uno para validar. Los defensores argumentan que es una respuesta razonable a los fallos históricos de seguridad de los dispositivos de custodia. Los escépticos recuerdan que Satoshi Nakamoto generó su cartera en un PC hace 17 años y sus bitcoins nunca se han movido.

Entre el dado y el microchip, la solución intermedia parece ser una hardware wallet de las que se han puesto de moda. La comunidad sigue dividida. Mientras unos buscan la cuadratura del círculo, otros se conforman con un aparato de confianza. Al final, incluso la semilla más manual necesita de un dispositivo para sentirse a salvo. Vaya paradoja.
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
La desconfianza total es exagerada60%
Cualquier hardware es un riesgo potencial40%
📌 DATOS
casi 14.000 clientes afectados por la brecha de Trezor
2.000 rondas de SHA-256 para el checksum
256 posibilidades para la última palabra en semillas de 24 palabras
Satoshi generó su cartera en un PC hace 17 años
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Por qué generar una semilla de Bitcoin sin hardware?
Generar la semilla sin hardware busca eliminar el riesgo de que un dispositivo comprometido filtre las palabras clave. Tras la brecha de datos de Trezor que afectó a casi 14.000 clientes, muchos usuarios desconfían de los fabricantes de carteras de hardware. El método propone usar dados o elementos físicos para obtener entropía y luego completar el checksum de forma manual, aunque en la práctica la verificación final suele hacerse en un dispositivo.
¿Es práctico crear la semilla BIP39 a mano?
No es práctico para la mayoría. Calcular el checksum requiere unas 2.000 rondas de SHA-256, una operación tediosa e inviable a lápiz y papel. Para semillas de 24 palabras, hay 256 combinaciones posibles para la última palabra, lo que multiplica el trabajo. Aunque es posible reducir las candidatas a 16, se necesita un dispositivo para validar la correcta, lo que contradice la premisa de prescindir de hardware.
🔗 FUENTES
Investing.com ↗
Noticia de la brecha de datos de Trezor
CriptoNoticias ↗
Información sobre la filtración de Trezor
▶ VÍDEOS
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
El truco de reducir la última palabra del checksum a 16 candidatas y validarlas en una hardware wallet
El matiz de que el método «sin hardware» termina necesitando un dispositivo para verificar
El dato concreto de la brecha de Trezor que reaviva el miedo a los dispositivos de custodia
Este es un resumen del hilo. La discusión completa incluye 12 respuestas con datos, fuentes y análisis que solo están disponibles para usuarios registrados. Crea tu cuenta en 30 segundos para acceder al debate completo y participar.
Descargo de responsabilidad: Este contenido es informativo y no constituye asesoramiento financiero ni de seguridad informática.
Resumen elaborado con IA a partir del debate de la comunidad — 12 respuestas analizadas. Última actualización: .
2000 rondas de SHA-256 a lápiz y papel… esto ya no es autocustodia, es oposición a notario. Al final voy a necesitar más seguridad para guardar la semilla que para guardar el propio Bitcoin.
 
    • La Sagra es la peor zona de toda España:

      Ese entorno es de las mayores podredumbres del país: gente que vive de subsidios a tutiplén; hacia los pueblos de Toledo próximos a Parla, peor. Chozas de Canales es de los lugares más perturbadores que conozco; en realidad, toda la comarca de La Sagra.


      Impacta la cantidad de zain: tienen la plaza del pueblo tomada. Hay uno que lleva la mano a la oreja, simula tener un móvil y hablar con alguien.
      Una vez, en el ayuntamiento, un zain pedía audiencia con el alcalde en el mostrador. «¿Para qué lo quieres?», le decían. Él insistía en que era muy importante. Sale el alcalde, ve el tinglado y le suelta: «¿Qué agallas quieres?». El otro, solemne, le comunica que un ministro de su país va a visitar el pueblo y que hay que recibirle con honores. Todo el mundo allí descorazonándose y él, serio que sí, que vendrá un ministro a visitar a sus compatriotas. El alcalde, deseando quitárselo de encima: «Que me mande una carta y ya veremos si hay que llamar también a un ministro nuestro». Luego resultó ser descendiente de un jefe de tribu.


      Dos urbanizaciones enormes a cada lado del pueblo, muchas casas a medio construir, enganches de luz ilegales y guano a tutiplén en los «jardines». En medio de esos secarrales infames: un lugar solo apto para toca o suicidarse.


      Estoy harto de decirlo: la zona norte de Toledo, Parla y alrededores es extraña. Pueblos con urbanizaciones en medio de la nada, medio vacías; aceras sin árboles; chalés abandonados o tapiados junto a otros bien cuidados. Gente rara: zain deambulando sin oficio ni beneficio; paisanos con sus Ebros sin capota y la cuba para sulfatar las viñas; fruta de saldo que ya no son competitivas en Madrid; segarro, segarro a tutiplén con las sarracena cubiertas de pies a cabeza. Páramos infinitos, cielos que aplastan y te recuerdan que solo eres un simple mortal. Hay algo en esa tierra que perturba el alma; los que hemos estado allí lo sabemos, aunque no sepamos qué es.


      El alma y el cuerpo: hay una cantidad enorme de cáncer y esquizofrenia, más que en ninguna otra parte de España. El ambiente perturba el espíritu y la tierra se alimenta de los cuerpos. Está maldita.


      Decía José Antonio Primo de Rivera que los castellanos conquistaron el mundo porque no tenían otra opción; quien haya vivido en Toledo norte sabe que esto es dogma de fe. Es una tierra de desdicha, desdicha mala.


      Siempre que hay un secuestro en Madrid, no sé por qué, si la cosa sale mal, el cadáver aparece semienterrado en La Sagra, escarbado por perros de caza o en alguna antigua fábrica de ladrillos de esa maldita zona.


      Allí siempre galgos, y montones abandonados: colgados, ahorcados, devorados por las pulgas mientras la guano aún les escurre por el tronco que les sirve de patíbulo. Cae la tarde, se pone el sol; los lugareños, apestando a sudor, dejan los aperos y se van a la taberna a gastarse el jornal en vino tinto.


      Cuando sopla el aire —el solano, el único que recorre los llanos y además les seca la ropa— se oyen los lamentos de las almas de los oriundos que agonizan en silencio e impregnan el ambiente de dolor y fatiga. En verano el calor achicharra como el mismo infierno; en invierno castañean los dientes y el moquillo cae de la nariz. No hay muyer guapas, solo viejas y extranjeras. No cantan los pájaros; no hay sombras porque no hay árboles. Todo es desasosiego y una extraña angustia.


      Por la noche, en verano, no refresca jamás y las chicharras cantan con su monótono son hasta volverte orate. Se oyen perdices —de esas hay en abundancia— y también muchos conejos; infinitos conejos atropellados en las cunetas. Los contenedores de Maersk reciclados como vivienda, con un tinajón enorme de cemento al lado para tener agua, son todo un clásico.


      Siempre creí que yo era uno, indivisible. Pero La Sagra me desdobló: cuerpo y alma que formaban un conjunto. Al pisar esa tierra maldita, quiso arrebatarme el alma; noté cómo se me escapaba y era engullida por el lugar. La atrapé a tiempo. No me extraña que la gente de allí haya perdido la cabeza: esa tierra te vacía, roba lo espiritual y deja el cuerpo orgánico deambulando por las urbanizaciones, sin brillo en la mirada.


      Levantas el lomo, dejas el azadón y respiras: el aire quema las entrañas de miseria; el hedor es más profundo que la náusea. Conejos con mixomatosis, perdices de granja que sueltan para que, en su huida, mueran, y galgos famélicos, tiñosos, perecid de frío o de miedo. Esos tres animales habitan esa tierra seca que niega el agua: la antesala del infierno de Dante.


      Por eso su vino es tan fuerte: se hace con el sufrimiento de quienes trabajan la tierra. Vino con regusto a pole, amargo, áspero al paladar, que emborracha y hace mal vino en quien lo bebe, sacando lo peor de cada uno. Es la sangre maldita del lugar; beber ese brebaje es como probar la sangre de un vampiro. Denominación de origen Méntrida. Si lo veis, no lo probéis —haced lo que queráis—, pero sabed que son las lágrimas de esa gente atrapada en un universo paralelo.


      Tierra yerma y estéril que aúlla de dolor, la sangre derramándose en la leche. No lloverá en meses. Oscurece y el paisano camina entre cipreses. ¿Quedará algún mendrugo de pan de ayer? La noche abrasa; el regreso duele.


      ¿Y los olivos? Siempre enfermos, siempre afectados: si no les pica la mosca, no llueve; si llueve, les entra repilo; si no, las heladas tiran el fruto o la sequía impide el rendimiento. Cuando hay mucha producción, baja el precio; cuando no dan nada, sube el del aceite. Si un año pagan pronto la subvención, ese año rumanos y etnianos arrasan los olivares. No he visto árbol más sufrido que el olivo de esa zona. Y con qué orgullo te cuentan sus enfermedades los agricultores: parece que están deseando que les preguntes para empezar a quejarse amargamente de su existencia.


      No sé si serán fuerzas telúricas o arcanos secretos, pero allí el número de niños badulaques es llamativo. Recorriendo la zona, raro era el día que alguien no me confesaba que tenía un descendiente en un colegio especial, una hija con paga o algún «ser de luz» en la familia. Llegué a pensar que los hombres de allí son estériles y que es el mismísimo Belcebú quien engendra en sus muyer esos abominables seres, ama la región de mongolismo y atraso.


      Los oriundos de La Sagra jamás te dirán lo que piensan. Para ellos, decir lo que piensan es el mayor pecado: mayor que el incesto o el asesinato. Si agarras a un sagreño, lo atas a un sillón, le arrancas una muela con unas tenazas oxidadas y le preguntas si le duele, te dirá que no. El sagreño es celoso de sus pensamientos. Si ves a dos sagreños juntándose al azar por la calle, es fácil adivinar lo que se dicen: se mienten. Mentir es su deporte comarcal: manipulan a los otros mintiéndoles para sonsacarles, «sacar mentira por verdad», como dicen ellos. Se creen muy astutos con el forastero y no se dan cuenta de que, en realidad, quedan como inanes. Sus relaciones humanas son antinaturales, artificiales, extrañas; no conocen la espontaneidad, la sinceridad, el trato abierto, cercano, cálido y franco. Ni quieren conocerlo.


      Las casas de los muchos segarro que ves allí tampoco son halagüeñas: pequeños bloques de tres plantas con tres parabólicas; la cerradura de la entrada rota desde hace años y nadie la arregla. Los buzones tienen un nombre garrapateado con rotulador y nada más. Desolador.
      Gente que por las tardes apura vinos antes de ir al club del amor de Valmojado o al del Lucio, en Maqueda. Ancianos que labran viñas en tractores fabricados cuando aún vivía Franco. Gestos huraños en rostros curtidos. La mayor parte de los campos de cultivo, yermos y llenos de malas hierbas.


      Cardos seteros por doquier, pero no se os ocurra recoger setas de cardo: absorben tóxicos y vete a saber qué comes. Una vez recogí un montón en la rotonda de acceso a la autovía en Santa Cruz de Retamar y la diarrea que tuve fue histórica.


      Ancianos de pinta siniestra que van a misa todos los domingos, vestidos de zain, con el rostro lleno de amargura, soberbia y desesperación, agarrando los rosarios con sus —a su vez— temblorosos dedos.


      No vayáis a La Sagra, descendientes míos.
      Tan cerca de Madrid, tan lejos de Dios.
 
Mirad el video antes de hablar. Para el checksum y la última palabra acota las 16 posibles palabras y luego las comprueba en la hardware wallet hasta que encuentra la correcta.
 
Cómo Crear una Passphrase Inquebrantable

 
Trezor informa de una brecha de datos que afecta a casi 14.000 clientes


 
A mi esto me parece absolutamente ridículo, la verdad. Está bien como curiosidad, pero pretender que un usuario de bitcoin vaya a ponerse a hacer esto para genera la semilla es de puro locos. A la gente se le ha ido la olla con este tema y se cree que porque una hardware wallet haya cometido el fallo del siglo ahora se van a encontrar estos fallos por doquier. Satoshi generó su wallet con un puro PC de hace 17 años y ahí siguen sus bitcoins sin que nadie los mueva.

Veo que al final del video aparece una Coldcard, que hay que salvarles el pandero por un fallo histórico como no se recuerda ninguno y como no va a haber ninguno. Impresionante lo de los "maxis", no aprenden ni a palos.
 
Mirad el video antes de hablar. Para el checksum y la última palabra acota las 16 posibles palabras y luego las comprueba en la hardware wallet hasta que encuentra la correcta.

ah vale, asi es como lo hice yo meparto: . Pero solo vale para 12 palabros, para 24 son 256 posibilidades, te puedes morir ahi. Ahora tengo la Jade+ que te lo calcula.

Pero vamos, que dice sin ningun hw y por lo que dices esta usando un HW (no he visto el video). En resumen, que las seeds sin derivar las direcciones no valen para nada y no hay forma humana de hacerlo sin electronica.
 
Cómo se pierden los bitcoin en autocustodia. 4 Amenazas

 

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