El cliente que no embolsa: la guerra silenciosa de las colas del súper
¿Cuánto tiempo se puede tardar en pagar y embolsar la compra? La respuesta parece trivial, pero hay quien convierte esa operación en un ritual de resistencia pasiva que desata la ira de toda la cola. El fenómeno, bautizado coloquialmente como 'la charo', ha generado un intenso debate sobre educación, diseño de supermercados y paciencia ciudadana.
El ritual de la lentitud: qué pasa exactamente en la caja
El patrón se repite: la persona no va guardando los productos mientras el cajero los pasa. Se queda mirando, como supervisando. Cuando termina el pasaje, empieza a embolsar con parsimonia. Luego saca la cartera, busca la tarjeta, revisa la pantalla del datáfono, teclea el PIN con una concentración digna de desactivar una bomba. Y todo ello con el carro colocado en medio, bloqueando el paso.
Hay quien sostiene que es un derecho: cada cliente paga y recoge su compra a su ritmo. Otros señalan que el problema no es la lentitud, sino la falta de simultaneidad: no embolsar mientras el cajero pasa los productos convierte una operación de dos minutos en una de cinco. Y con una cola detrás, esos tres minutos extra se multiplican.
¿Culpa del cliente, del cajero o del diseño?
El debate apunta en varias direcciones. Una corriente señala a los cajeros, que empiezan a pasar la compra del siguiente cliente antes de que el anterior haya recogido la suya, creando una mezcla de productos que obliga al siguiente a esperar o a invadir el espacio ajeno. Otros culpan al diseño de las cajas: en algunos supermercados, como Carrefour, el sistema de cola única y barrera separadora funciona razonablemente bien; en otros, como Mercadona, el espacio entre la bandeja y el carro es tan justo que cualquier parsimonia se convierte en un atasco.
Hay quien ha resuelto el conflicto con métodos expeditivos: pedir al cajero que no pase su compra hasta que la anterior esté recogida, llamar al encargado, o simplemente invadir el espacio vital de la persona lenta hasta que esta acelera. La anécdota del encargado que obligó a una clienta a embolsar fuera de la cola mientras revisaba sus tickets circula como ejemplo de que el problema tiene solución cuando alguien con autoridad interviene.
De la cola del súper a la gasolinera: un patrón español
El fenómeno no se limita a los supermercados. El mismo perfil de persona que bloquea la caja es el que colapsa una gasolinera entera: no sabe elegir surtidor, no sabe qué combustible poner, no sabe pagar, y cuando finalmente arranca, se pone el abrigo dentro del coche antes de salir. La paciencia del resto de conductores, lógicamente, se agota.
Detrás de la queja hay un diagnóstico más amplio sobre la educación en España. La observación recurrente es que mucha gente espera su turno en la cola y, cuando le toca, actúa como si el tiempo de los demás no existiera. Es la cultura del 'yo ya he esperado, ahora os jodéis vosotros', que se manifiesta en la caja del súper, en el aparcamiento o al ceder el paso en un cruce.
¿Tiene solución el problema?
Las propuestas van desde el uso generalizado del autopago hasta rediseñar las cajas con barreras físicas que obliguen a recoger antes de que pase el siguiente. Algunos supermercados ya lo han entendido: el sistema de cola única de Carrefour o la barra móvil de Lidl reducen el problema. Pero en Mercadona, donde el cliente medio gasta 150 euros en una compra familiar, la saturación es tal que cualquier distracción se convierte en un suplicio para el que viene detrás.
Mientras tanto, la solución definitiva sigue pendiente: o rediseñamos las cajas, o aprendemos a respirar hondo. O quizá, simplemente, aceptamos que la compra semanal es también un ejercicio de filosofía estoica. Después de todo, el tiempo en la cola es el único que nadie nos puede robar. Aunque se nos haga eterno.