Gestionar a una veterana: la pregunta que retrata al que la hace
“¿Cómo gestionaríais a esta veterana?” La pregunta, circulada en espacios de debate anónimo, parece pedir consejo sobre cómo tratar a una miembro antigua. Las respuestas, sin embargo, no ofrecen ninguna sugerencia. Se limitan a una cascada de comentarios groseros que convierten el intercambio en un catálogo de hostilidad sin fundamento.
Lo curioso del asunto no es la cuestión en sí, sino lo que revela sobre quien la formula y sobre quienes responden. Una comunidad que busca “gestionar” a una persona en lugar de escucharla ya ha tomado partido. Y cuando el repertorio de gestión se reduce a insultos y diagnósticos burlones, la conversación deja de ser sobre ella. Pasa a ser sobre la incapacidad de ciertos espacios digitales para tolerar la presencia de mujeres con criterio propio.
El fenómeno no es nuevo. Los entornos anónimos han sido siempre terreno abonado para el desahogo degradante. La diferencia es que, en esta ocasión, ni siquiera se molesta en disfrazar de argumento lo que es pura misoginia de andar por casa. No hay un solo dato, una sola experiencia, un solo intento de comprender el contexto. Solo humor de vestuario.
La ironía final: el único que necesita gestión no es la veterana, sino la propia conversación. Y el primer paso sería reconocer que el problema no está en quien lleva tiempo en la comunidad, sino en quienes no saben sentarse a hablar con ella sin recurrir a la bilis.