Un mundo sin España: de la ensoñación liberal a la extinción de la especie
Borrar España del mapa resulta seductor para media Europa. Los resultados, sin embargo, van de la utopía nórdica al fin de la humanidad, y ninguna de las dos cosas se sostiene demasiado.
La pregunta, lanzada a partir de un vídeo, produce respuestas que se mueven entre el eslogan y la paleontología. Hay quien sostiene que, sin la monarquía católica, América la habría descubierto otra potencia –los suecos, para no variar el arquetipo– y viviríamos en un paraíso. Otros, menos poéticos, recuerdan que el territorio no se desvanece sin consecuencias.
La hipótesis del reino visigodo que lo ocuparía todo
La lectura más rigurosa no pasa por eliminar España, sino por sustituirla. Una entidad política distinta, probablemente un reino visigodo que abarcase la península Ibérica, habría ocupado su lugar. La historia, dicen, no tolera vacíos: habría sido una especie de España con esteroides según cómo se torcieran los siglos. La península no se queda sin dueño; cambia un imperio por otro con distinto acento.
La pregunta molesta porque ni el independentismo sale bien parado: en ese mundo sin España, Cataluña y las Vascongadas también serían borradas del mapa. Ni en la ucronía existe la independencia sin Estado alrededor.
El efecto mariposa que acaba con los humanos
La versión más radical no especula con banderas sino con estratigrafía. Si España desaparece como entidad física, se altera la ruta por la que los homo ergaster y erectus cruzaron desde el norte de África. Basta un cambio pequeño para que Europa nunca llegue a poblarse, y con la especie humana fuera de juego no hay América, ni suecos, ni Macarena. Es el argumento favorito de quien piensa que cualquier ucronía barata se estrella contra la biología.
Al final, el ejercicio no aclara si el mundo hubiese sido mejor. Solo confirma que la historia es una cadena de accidentes tan frágil que no admite botón de reinicio. Lo más probable es que sin España hubiera habido algo parecido: otro imperio, con otros santos y las mismas pretensiones. Lo demás, con licencia poética, queda para una noche de bar.