Trump, la guerra de Irán y la estanflación anunciada
Mientras la derecha trumpista demonizaba la Agenda 2030 como un complot globalista para empobrecer a Occidente, la política exterior de Donald Trump puede estar provocando exactamente ese escenario: una crisis energética que desencadena estanflación y empobrecimiento generalizado. Un informe de fondos internacionales recogido por Vozpopuli ya alerta de que la escalada del petróleo provocará estanflación en tres meses, y el detonante no es otro que la guerra de Trump contra Irán, que sabotea y destruye el suministro de petróleo y gas durante años.
El shock energético y sus consecuencias
El conflicto con Irán ha disparado el precio del crudo, y con él la amenaza de una recesión global con inflación galopante. La paradoja es que quien prometió acabar con las guerras de Oriente Medio y reducir el precio de la gasolina está ahora mismo haciendo lo contrario. Algunos señalan que esto no es un error, sino parte del plan: destruir la economía mundial para luego reconstruirla bajo un nuevo orden, el mismo que se atribuía a la Agenda 2030. Mientras tanto, la bolsa sigue en máximos históricos, aunque, como se ha recordado, Lehman Brothers también parecía un valor seguro antes de caer.
Peak oil vs. conspiración política
Una corriente de análisis sostiene que lo que estamos viendo no es una conspiración política, sino el inevitable peak oil que se anunciaba ya en 2018. La energía barata se ha acabado, y ahora los países pelean a cara de perro por los últimos recursos. La Agenda 2030, con sus molinillos de viento y baterías, fue un intento fallido de la élite para mantener el sistema; ahora que ha fracasado, volvemos a las hostias y al autoritarismo. En contraposición, quienes defienden la teoría conspirativa apuntan a que cada año se descubren nuevos yacimientos gigantes de petróleo, y que el problema no es la escasez física sino la decisión política de no explotarlos o de manipular los precios. Sin embargo, el coste de extracción de esos nuevos yacimientos es clave: no basta con que existan, sino que sean rentables a precios asequibles.
La pregunta que queda en el aire es si la humanidad estaba condenada a este desenlace por el pico del petróleo, o si las decisiones de unos pocos están acelerando el inevitable ajuste. Lo que parece claro es que, voluntaria o involuntariamente, Trump está aplicando la receta que muchos atribuían a sus enemigos: una crisis económica global que fuerza a la población a aceptar medidas draconianas. Y todo ello con la complicidad de unos mercados que siguen bailando al borde del abismo.
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