Quién paga los pisos de 400.000 euros (y quién no)
Comprar una vivienda de 400.000 euros no es un problema de sueldo. Es un problema de entrada. Según un cálculo que se repite en el hilo, el banco exige en torno al 20% más un 10% de gastos e impuestos: unos
120.000 euros en efectivo que rara vez salen de una nómina, por alta que sea. A partir de ahí, el resto —320.000 euros hipotecados a 30 años— se convierte en una letra mensual que, según varios participantes, muchas parejas con ingresos por encima de 3.000 euros podrían asumir. La pregunta, entonces, no es cómo se paga. Es de dónde sale el dinero inicial.
El cálculo que desmonta el mito del sueldo alto
La aritmética que más se repite en el análisis es simple: 400.000 euros de precio, un 10% de gastos, un 20% de entrada. Resultado: 120.000 euros en cash, 320.000 financiados y una cuota que ronda los
1.200 euros al mes si el tipo es fijo y el plazo, 30 años. Con dos nóminas que sumen más de 3.000 euros, la operación entra en los parámetros que, según algunos foreros, un banco tolera.
El problema es que esa cifra de entrada no la genera un asalariado medio en diez años. Y ahí entra la familia. El escenario más citado es el de una pareja treintañera cuyos progenitores aportan
100.000 euros cada uno y que suma 50.000 de ahorro propio. Con eso, según ese planteamiento, el banco afloja el resto. Sin eso, la puerta se cierra.
Hay quien matiza el cálculo: el banco no financia si la letra se come el 50% de las dos nóminas. El umbral realista se sitúa en torno al 30%. Eso deja fuera a muchos perfiles que sobre el papel podrían pagar.
La rueda de la vivienda heredada y revendida
El mecanismo más repetido no tiene nada que ver con el salario actual. Alguien compró un piso hace treinta años en una zona que luego se revalorizó. Lo vende por 400.000, se embolsa la plusvalía y compra otro similar en una zona menos tensionada. Ese ciclo, repetido miles de veces, empuja los precios hacia arriba y deja fuera a quien no tenía nada que vender.
Los casos concretos que circulan son elocuentes: un piso comprado por 60.000 euros en un barrio periférico de Madrid, vendido en 2007 por 200.000, sirvió para entrar en una vivienda de 380.000. Otro comprado en 2011 por 150.000 se vende ahora por 400.000 y financia el siguiente salto. La conclusión que se extrae de todos ellos es la misma:
el que ya tenía, compra; el que no, mira.
A esto se suma el comprador extranjero. Jubilados y fondos que entraron a precio de saldo en la costa entre 2014 y 2015 venden ahora con plusvalías y se marchan, según una intervención del hilo. Su huida no abarata nada: simplemente cambia de manos el mismo stock.
¿Quién puede permitirse realmente una casa de 400.000 euros?
Depende de la profesión y de la pareja. Un docente solo no llega. Dos docentes, sí. Un médico, un inspector de policía, un catedrático o un cargo político entran sin despeinarse, según algunos participantes. Pero esos perfiles son una minoría dentro del total de operaciones que se cierran a ese precio.
El grueso lo forman tres grupos: quienes venden otra propiedad, quienes heredan y quienes reciben ayuda familiar. La nómina alta ayuda, pero no basta. Y el mileurista, como resume una de las intervenciones más repetidas, se queda en casa de los padres
forever.
El desfase entre precios y salarios
El argumento de fondo es que las casas no han subido tanto en términos reales. Un piso comprado por 90.000 euros en 1991 se vende hoy por 250.000. Actualizando aquellos 90.000 por el IPC, equivaldrían a 231.000. La subida real es moderada. Lo que no ha subido es el salario:
un 356% de incremento nominal frente a sueldos que apenas se han movido.
Ahí está la raíz. No es que los pisos sean de lujo. Es que los ingresos no acompañan. Y mientras tanto, en ciudades como Valencia, 400.000 euros ya no compran ni medio piso de gama alta, según un forero.
Con estos números, la compra de una vivienda de 400.000 euros debería estar reservada a un segmento muy concreto. Y lo está. Lo que no cuadra es la cantidad de operaciones que se cierran a ese precio con salarios que, sobre el papel, no las sostienen. La respuesta está en el ladrillo heredado, no en la nómina. Si el grifo de la herencia se cierra, el mercado se ajusta. Cuándo, nadie lo sabe.