Meliá: 30.000€ de beneficio en un trimestre con 50.000 empleados
La cadena hotelera Meliá Hotels International ha presentado un beneficio de apenas 30.000 euros en el primer trimestre de 2026, una cifra que contrasta con su plantilla de casi 50.000 trabajadores y una capitalización bursátil que ronda los 2.500 millones de euros. El dato ha despertado las sospechas de analistas y expertos en contabilidad, que apuntan a prácticas de ingeniería financiera para minimizar el resultado declarado.
El misterio de los 30.000 euros
En un sector donde los márgenes se estrechan, pero las terrazas se llenan, la cifra resulta llamativa. Históricamente, Meliá ha reportado beneficios anuales de entre 100 y 200 millones de euros, según datos del propio mercado. Sin embargo, este trimestre apenas supera la rentabilidad de un pequeño negocio local. Algunos analistas señalan que el bonus del CEO, de varios millones de euros, se habría cargado contra el resultado, reduciendo drásticamente el beneficio neto. Otros van más allá y hablan de una estructura de gastos inflada para beneficiar a la cúpula directiva mediante bonus y subidas salariales, en lugar de repartir dividendos entre los accionistas.
La cotización no se inmuta
Lo más paradójico es que el mercado no ha castigado la acción. Mientras que un fontanero que declare dos trimestres ajustados se enfrentaría a una inspección de Hacienda, Meliá ve cómo su cotización no solo no se desploma, sino que sube. La explicación que circula entre los inversores es que el beneficio declarado es anecdótico: lo importante está en la capacidad de generar caja y en la estructura de costes que permite a los directivos forrarse sin pasar por el filtro del impuesto de sociedades.
Trilerismo contable o puntualidad
Quienes defienden a la compañía argumentan que se trata de un trimestre atípico, y que Meliá volverá a su senda habitual de ganancias. Sin embargo, el testimonio de exempleados del departamento de contabilidad, que abandonaron la empresa “asustados” por las prácticas financieras, refuerza la tesis de que el beneficio se manipula mediante gastos corporativos. El debate no es nuevo, pero la cifra de 30.000 euros ha puesto el foco en un sistema que, legal o no, permite a una multinacional pagar en impuestos lo mismo que un autónomo.