Israel y China: el pragmatismo que desafía a la geopolítica
En plena crisis del estrecho de Ormuz, con China alineada con Irán e Israel en pie de guerra, hay un dato que descoloca: los dos países no dejan de firmar tratados comerciales. La relación entre Jerusalén y Pekín es un ejercicio de pragmatismo que desafía los esquemas habituales.
Negocios que ignoran la geopolítica
China mantiene una postura propalestina y no esconde sus vínculos con Irán, enemigo declarado de Israel. Pero eso no impide que ambos países incrementen sus intercambios y firmen acuerdos. La explicación que manejan algunos analistas es el pragmatismo: tanto Pekín como Jerusalén planifican a años vista y evitan que las diferencias ideológicas interfieran en lo que les conviene.
Las antípodas estratégicas
La otra lectura subraya la distancia real: China está del lado de Irán y Argelia, mientras Israel se apoya en Marruecos y, sobre todo, en Estados Unidos. En este esquema, la relación comercial sería secundaria y frágil, supeditada a los equilibrios de poder. Rusia y China comparten intereses, e Israel forma parte del bloque occidental.
El dato que descoloca: pese a estar en bandos opuestos en Oriente Próximo, los tratos no solo continúan, sino que aumentan. Quizá la clave sea precisamente esa: ninguna de las dos potencias se permite el lujo de convertir la geopolítica en un obstáculo para los negocios.