Tener que recurrir a una boutade de ese calibre para desmentir una estadística resulta, como poco, poco serio. Más aún cuando se trata de un dato que cualquiera con un conocimiento básico de Europa reconoce sin dificultad.
La relación entre la presión fiscal en España y la calidad de los servicios recibidos es, objetivamente, muy elevada. Superior a la de muchos países de nuestro entorno y, desde luego, difícil de sostener si se compara con los estándares de los países nórdicos.
Negar esto con ocurrencias no lo refuta; simplemente lo confirma.
