Ni Cantabria ni piscina: el agosto de los autónomos no existe
Dicen que en agosto se vacía media España. En realidad, se vacía la mitad que tiene vacaciones pagadas. A un lado, la paguita, la semana en Cantabria y el “life is good”. Al otro, quien confiesa que busca la palabra “vacaciones” en su diccionario y se encuentra con que empieza por la A de autónomo.
La estampa es la de siempre: el país partido por la mitad en pleno mes de agosto. Un trabajador por cuenta ajena presume de su semanita en el norte mientras el autónomo de turno ni se plantea parar. No es una cuestión de pereza, sino de estructura. Quien trabaja por cuenta propia sabe que si no trabaja, no cobra. O, peor, que la obra de la piscina no se hace sola.
El caso más gráfico lo ofrece quien compagina el trabajo audiovisual e informático —entre 50 y 60 días al año— con el resto del año en mantenimiento y obra de piscinas, desde la albañilería hasta la fontanería. No es pluriempleo por vocación: es la manera de que el calendario no se coma el sueldo.
Después está el que no se va a ninguna parte y aún así se siente de viaje: un vecino de Aluche asegura que su barrio le traslada a Sudamérica sin gastarse un euro. Una forma de decir que los precios, o el paisaje, ya no necesitan billete de avión. Y mientras tanto, el móvil sigue ahí: ese “vicio” que impide desconectar aunque estés de vacaciones o de obras.
La queja de fondo resuena con una denuncia clásica: en España “nos exprimen hasta la médula” y el liberalismo se lleva la culpa de los últimos 200 años. Con unos pocos días de vacaciones al año y la presión del móvil, cabe preguntarse: ¿de verdad estamos de vacaciones, o solo hemos cambiado el lugar desde el que respondemos los correos?