Por qué las monedas de 12 euros del BdE baten a las de 20
Hay monedas de plata de 20
euros que cuestan 20 euros, se cambian por 20 euros y contienen 16,65 gramos de metal puro: salen a 1,2012 euros el gramo. Y hay otras, las de 12 euros, que entregan más plata por cada euro desembolsado. Esas son las que llevan meses cazando los ahorradores que han convertido las sucursales del Banco de España en un terreno de batida. Las de 20 son la siguiente estación.
La pregunta que ordena todas las compras es una: ¿a qué precio del metal empieza a compensar la grande?
Qué son los karlillos y por qué se piden en ventanilla
Los llaman karlillos y se adquieren al facial: se entra en una oficina, se entregan billetes o se carga en cuenta, y sale una moneda de plata por el mismo valor escrito en su cara. Con el metal muy por debajo del nominal, la operación no es ningún chollo, pero
la moneda se puede canjear en el banco emisor por su valor facial: si la plata se hunde, sigue valiendo lo que dice valer. De ahí la peregrinación.
Las de 12 euros ya no aparecen. Se recorre sucursal tras sucursal, se pregunta en caja y se escucha de todo: hay quien ha salido con la certeza de que
esas monedas no existen y quien, tras exigirle ser cliente, abrió una cuenta con un euro, se llevó las piezas y pensaba cerrarla después. Las de 20 aparecen de forma desigual y se han convertido en el recambio natural.
El cálculo: 16,65 gramos, 1,2012 euros por gramo y un umbral de 33-34 €/oz
La aritmética que expone uno de los intervinientes es sencilla. Una onza son 31,103 gramos: si la moneda grande sale a 1,2012 euros el gramo,
el spot iguala su coste cuando la plata marca 37,36 euros la onza. A eso hay que sumarle lo que arrastra cualquier alternativa física: el IVA mínimo del 13% sobre el spot, el coste de fabricación, el premium y los gastos de envío.
Con ese cuadro, su conclusión es que no hay prisa por la grande. El umbral que maneja para empezar a cargarla es bastante más bajo:
entre 33 y 34 euros la onza. Por debajo de ahí prefiere la bullion; por encima, la moneda del banco emisor le sale mejor de precio que comprar metal en el mercado abierto.
Primero las de 12, después las de 20: la estrategia del escalón
El plan que se repite en voz alta es rotar: cuando la plata contenida en las de 12 se acerque a 20 euros, venderlas por el metal y recomprar las de 20 para asegurar la ganancia. Al ritmo al que se mueve el spot, desde que se agoten las pequeñas puede pasar poco tiempo hasta que la grande resulte interesante, y entonces el ciclo se repite con el facial como red de seguridad. La broma recurrente es que si el emisor se anima con una moneda de 30 euros,
vuelta a empezar: vender las viejas por el metal y comprar las nuevas por el nominal.
La otra cara: la plata cae a 720 euros el kilo
No todos ven la escalera igual. Con la plata bajando hasta 720 euros el kilo y recuperándose hasta los 750 en la misma sesión, hay quien sostiene lo contrario: a ese precio
las de 12 pierden su punto de equilibrio y se abre la veda para cazar las que se devuelvan «por no presentar ningún interés», mientras las de 20 quedan lejos, «muy lejos», del umbral de 1.200 euros el kilo que las haría atractivas.
La volatilidad alimenta teorías. Un desplome del 12% en una sola madrugada llevó a preguntarse cuánta gente tendría que estar vendiendo para mover así el precio; para algunos, la explicación es que la cotización está manipulada y que los vaivenes de 30 y 40 euros por kilo en torno a los 1.000 sirven para sacudir al pequeño antes de volver a subir. Pruebas, ninguna.
El riesgo que nadie controla: que el Banco de España deje de cambiar monedas
El agujero del plan no está en el spot, está en ventanilla. Hay quien teme que,
si el banco emisor imita a Alemania y deja de dispensar monedas de 20, solo queden las que duerman en las sucursales bancarias, y que ese día las piezas adquieran valor numismático. El precedente que se cita para calibrar el susto es elocuente: ocho monedas de 2.000 pesetas acabaron en subasta por 127,50 euros, con 22 pujas a cuestas.
Queda la duda de si la plata amonedada es refugio o simple acumulación. Para una parte, cambiar papel por metal siempre es mejor: el billete se destruye por mil motivos y la moneda, como mucho, se funde sin perder todo su valor.
La incógnita no es si la plata subirá, sino cuánto tiempo más se podrá entrar en una oficina con 20 euros y salir con plata en el bolsillo. Cuando esa puerta se cierre, ¿dónde queda el refugio?