Militares en el limbo de Ceuta: el aviso que el Gobierno ignora
¿Qué se supone que tienen que hacer los militares desplegados en una frontera caliente cuando no pueden operar ni como militares ni como policía? Esa es la pregunta que el editorial del ABC lanza el 28 de agosto tras los graves altercados registrados en Ceuta en la noche del miércoles y madrugada del jueves. El diario describe a un Gobierno sin rumbo, que no ofrece confianza a los ceutíes y que repite los errores del asalto masivo del 31 de julio. El orden público en la ciudad autónoma se resiente y el Ejército queda atrapado: sobre el terreno, pero sin un marco legal claro.
El limbo jurídico del soldado
La discusión de fondo es jurídica: un militar solo puede actuar como tal con el estado de excepción -como mínimo- o con el de sitio para ir más allá. Sin esa cobertura, su papel se reduce a un híbrido inoperante. Hay quien sostiene que la culpa es de la dejación de funciones en las fronteras, que arrastra ya dos décadas, y que el Ejecutivo se ha saltado a la torera el principio de que con los militares no se juega. Otros análisis son más despiadados con la institución: denuncian una milicia burocratizada, con escasa vocación, y recuerdan que el complemento de destino apenas ronda los 600 euros al mes. Hasta se ha comparado el proceso de selección actual con el de hace veinte años, cuando bastaban las ganas y no existían pruebas; el contraste no favorece a los tiempos modernos.
Un aviso que no debería caer en saco roto
En el fondo, el editorial del ABC apunta a una pregunta incómoda: ¿para qué se tiene un Ejército si no se le deja ejercer como tal? Mientras el Gobierno no defina el marco legal, los militares seguirán siendo lo que algunos llaman «funcis de verde». Que el titular del editorial provoque risas en según qué sectores dice más del estado de la cuestión que cualquier análisis. Con la frontera de Ceuta en ebullición, negarse a aclarar el papel de los militares no es una opción: es una invitación a que el juego continúe.