Vamos a ver:
No existe una crisis de demanda: en España hay un exceso de población que se ha instalado aquí al margen de la ley.
Desde ese punto de vista, no hay motivo por el que la vivienda pueda bajar.
No obstante, sí que existe un nivel de precios por encima del cual no debería de poder subir debido a la caída de la rentabilidad.
- La rentabilidad de la vivienda depende de los salarios. Si estos no suben, o por una crisis el desempleo aumenta, la rentabilidad se estanca o desploma. Eso haría que el precio de la vivienda al menos se estancase en términos reales (en términos nominales podría seguir subiendo con la inflación). La escasez de crédito, una crisis del turismo y una subida de tipos contribuirían a la caída de la rentabilidad.
- Si el punto anterior se produce, entonces se detendrían las compras destinadas a obtener rentabilidad de la mera apreciación del precio de la vivienda, volviéndose un sálvese quien pueda en ese segmento para obtener la mayor rentabilidad posible.
Es decir, el crecimiento de los precios tiene un límite (como no podía ser de otro modo). Si se alcanza y además se combina con una crisis económica, la tormenta perfecta está servida.