La inflación que los consumidores estadounidenses no esperaban
El estadounidense medio está descubriendo la inflación en el súper, y no le hace ni pizca de gracia. Mientras la Fed imprimió 6 billones de dólares y el gobierno de Trump lanzó la "Big Beautiful Bill", el ciudadano de a pie se topa con que en el Dollar Tree las cosas ya no cuestan un dólar sino 1,75 más impuestos, y que llenar el carro en Costco duele el doble que hace dos años. La teoría monetaria más básica (más dinero persiguiendo los mismos bienes) se ha materializado en la cesta de la compra, pero muchos aún buscan culpables en el socialismo o en la falta de competencia.
El Dollar Tree ya no es lo que era
El emblemático Dollar Tree, la tienda donde todo valía un dólar (impuestos aparte), ha visto cómo sus precios de referencia se han disparado hasta 1,75 dólares bajo la administración Trump. No es un caso aislado: en Costco, el supermercado de membresía que exige una cuota para comprar, los tickets suben sin cesar. Quienes antes se reían de los precios europeos ahora se llevan las manos a la cabeza. La ironía es que muchos de los que votaron al candidato que prometió "hacer grande a América otra vez" están pagando más por todo, desde la gasolina hasta la lechuga.
La factura de la "Big Beautiful Bill"
Las consecuencias de las megaemisiones de dólares son claras para quien quiera verlas: el petróleo y las materias primas se pagan en dólares, así que más dólares equivalen a precios más altos en gasolina, luz y alimentos. Además, el dinero barato no llega a la economía real, sino que infla la bolsa y los fondos de inversión, protegiendo a quienes tienen activos mientras erosiona el poder adquisitivo de los ahorradores. Un analista con experiencia en finanzas lo resume: "Las QE de la Fed salvaron el sistema financiero, pero inundaron de dinero que no llegó al populacho hasta el COVID, y ahí explotó la inflación". La fecha clave fue el 20 de abril, cuando se activó un sistema para reembolsar más de 140.000 millones en aranceles ilegales, según Forbes.
El debate que nadie quiere tener
Mientras unos señalan la política monetaria expansiva como causa única, otros recuerdan que la tensión geopolítica en Ormuz y los cuellos de botella globales también aprietan. Lo que nadie discute es que el tope inflacionario tarda entre 6 y 12 meses en llegar tras el evento clave, así que lo peor aún puede estar por llegar. Los consumidores estadounidenses, que durante años vivieron de espaldas a la inflación, empiezan a sentir la pinchadura. Pero la pregunta incómoda es: ¿lo saben los que tienen el poder de imprimir dinero? La respuesta probable es que sí, y que prefieren controlar la burbuja de deuda antes que el precio del pan.