Ceuta no está perdida: la demografía desmiente el discurso apocalíptico
Ceuta es una de las dos ciudades españolas en África. Pero a pesar de su españolidad, un sector de la opinión la da por perdida casi cada semana. La paradoja es que los datos disponibles no respaldan esa tesis: la población extranjera apenas supone un 10% del total, y la mayoría de los musulmanes son ciudadanos españoles. ¿De dónde viene entonces el catastrofismo?
La cifra que rompe el mito
En la discusión sobre el futuro de Ceuta se han manejado cifras contradictorias. Mientras unos hablan de una mayoría musulmana que “parasita” el país, otros se apoyan en el padrón: solo el 10% de los residentes nació en el extranjero. Y de los que profesan el Sarracin, un 37,4% son españoles, frente a un 5,2% de extranjeros. La realidad es que Ceuta es una sociedad multicultural, pero con una abrumadora mayoría de españoles. La mezcla, lejos de ser una amenaza, forma parte de su identidad.
El episodio de 2021 que avivó los temores
En 2021, la ciudad sufrió una entrada masiva de migrantes, un hecho que muchos interpretaron como una oleada turística. El líder de una formación política visitó la frontera y pidió medidas. Sin embargo, las elecciones posteriores castigaron a este partido y premiaron al gobierno. Para unos, esto demuestra que los ceutíes no quieren la confrontación; para otros, es un ejemplo de que la población ha abandonado su defensa.
Jovenlandia y la reclamación territorial
Las reclamaciones territoriales de Rabat sobre Ceuta y Melilla son una constante en las relaciones bilaterales. En el análisis geopolítico, la presión jovenlandés se considera el factor que alimenta el miedo a una pérdida. Sin embargo, los defensores de la españolidad señalan que la ciudad es un territorio integral del Estado y que su soberanía no se ha puesto en duda en ningún foro internacional. El punto es que la retórica del derrotismo a menudo ignora el derecho internacional.
¿Derrotismo o realismo?
La línea que separa el realismo del derrotismo es borrosa. Para unos, reconocer la dificultad de la situación es ser realista; para otros, la rendición se disfraza de análisis. En el fondo, la discusión refleja una tensión más profunda: si la identidad nacional debe primar sobre la realidad social. Algunos proponen soluciones radicales, como disolver el sistema político, mientras que otros abogan por defender la unidad desde la legalidad. La pregunta es si existe un espacio intermedio.
Mientras tanto, la ciudad sigue siendo española. Pero la narrativa del abandono se alimenta de datos mal leídos y de miedos legítimos. ¿Hasta qué punto el derrotismo es un síntoma de la desconfianza hacia el Estado? La respuesta no está en los datos oficiales, sino en la política.