Cooperativas agrícolas: el mito de cultivar sin intermediarios
Recoger 10 kilos de aceitunas limpias –el equivalente a una bolsa negra de basura– reporta un beneficio de 1 euro. Así lo recuerdan quienes ya han hecho los números. La idea de montar una cooperativa agrícola pequeña, con olivos y colmenas en Cáceres, suena a vuelta a lo rural, a soberanía alimentaria, a escapar de la gran distribución. Pero la cuenta de resultados es tozuda.
La economía del olivar en miniatura
Un olivo de un metro cuesta 3,80 euros. Plantar unos cuantos, añadir colmenas y esperar cosecha. El problema es que el olivo solo es rentable en grandes explotaciones mecanizadas, como señalan agricultores de Jaén. Sin maquinaria, el margen se esfuma: 1 euro por cada 10 kilos de aceitunas. Y eso sin descontar gasoil, abonos y tiempo. El pequeño productor compite en costes con el latifundio que vierte aceite a 2,50 euros el litro.
Eliminar intermediarios, ¿solución o espejismo?
Quienes defienden la cooperativa argumentan que saltarse al intermediario permite ingresar más. La teoría es impecable; la práctica, más gris. En una explotación minúscula, el ahorro en intermediación pasa de 1 euro a 1,05 euros. No da para vivir. Como ironiza un participante: "Del campo no se puede vivir si no tienes ganado o un latifundio".
Agricultura ecológica y venta directa: la vía estrecha
Algunos apuestan por la agricultura ecológica y los mercados de productores. El margen es mayor, pero el volumen es mínimo. Y la logística –llevar el producto al consumidor final– sigue siendo el cuello de botella. Sin esa pieza, la cooperativa es un huerto de subsistencia, no un negocio.
¿Tiene sentido entonces una cooperativa agrícola pequeña? Quizá no como inversión, sino como seguro frente a la inflación alimentaria o como proyecto de autosuficiencia. Pero rentable en euros contantes y sonantes, lo que se dice rentable, está por ver.
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