Argentina recupera la fuerza aérea con F-16 usados y una fiesta nacional
Un cartucho de asiento eyector británico dejó a Argentina sin Fuerza Aérea durante más de tres décadas. Tras la Guerra de Malvinas (1982), el veto del Reino Unido a la venta de armamento se cruzó con un detalle que casi nadie recuerda: los aviones argentinos —A4 Skyhawk y varios Mirage— eran americanos y franceses, pero sus asientos eyectores eran ingleses. Cuando caducó la garantía de los cartuchos expulsores, la flota entera dejó de volar. Desde finales de los años ochenta, el país no tuvo cazas supersónicos operativos.
Ahora la cosa ha cambiado. Argentina ha incorporado F-16 de segunda mano —procedentes de Dinamarca, con el visto bueno de Estados Unidos— y la recepción ha desatado algo que trasciende lo estrictamente militar.
El cartucho inglés que dejó al país sin cazas
El episodio tiene su parte de paradoja industrial. La Fuerza Aérea Argentina mantuvo en vuelo los Mirage V (versiones israelí y peruana), repotenciados a nuevo justo después de Malvinas, hasta su baja definitiva en 2015. Con ellos se fue la última capacidad supersónica. Quedaron los A-4 y los Pampas III, aparatos de ataque a tierra y superficie, muy lejos de un caza de superioridad aérea.
La ironía es que el enemigo no fue el presupuesto ni una derrota. Fue un componente de seguridad que había que comprarle precisamente a quien vetaba las armas.
¿Chatarra de 50 años o soberanía recuperada?
Aquí el análisis se parte en dos. Un caza con diseño de hace medio siglo y kilómetros encima, cedido por un socio de la OTAN, puede leerse como una ganga o como un lastre. Se argumenta que cualquier sistema antiaéreo moderno los neutraliza desde doscientos kilómetros y que habría sido mejor mirar a otros proveedores. En el otro lado pesa lo obvio: un F-16 usado sigue siendo infinitamente más útil que la nada absoluta, y en el barrio nadie se está armando para invadir a nadie. Chile vuela F-16 más antiguos y Brasil está comprando Gripen.
La fiesta popular por unos aviones de combate
Lo que descoloca al observador europeo no es el aparato: es la reacción. Miles de personas salieron a la calle para ver llegar los cazas a la base de Las Higueras, en Río Cuarto. Una vecina se hizo viral al contar al reportero su emoción con los aviones sobrevolando. La memoria de Malvinas sigue demasiado fresca, y cualquier símbolo de capacidad nacional se convierte en acto patriótico. La misma lógica se repite con material que ni siquiera vuela: se han comprado lotes de UNIMOG nuevos y se han expuesto en plazas para que la gente los vea.
Quién deja volar a quién
Detrás del gesto militar hay geopolítica. La venta se autorizó desde Washington, el traslado contó con la intermediación de Brasil y el apoyo logístico de los aviones tanqueros norteamericanos. Hay quien lee esto como un rearme soberano y quien lo ve como una foto más del realineamiento del continente: Argentina vuelve a la órbita de EEUU justo cuando un documento estratégico de la Casa Blanca planteaba que Europa, con su perfil actual, podría no existir dentro de veinte años. El paralelismo con la jugada de Nixon en el 72 está servido: guiños a Moscú para separarla de Pekín y manos libres en el hemisferio.
El asunto tiene coletazos económicos en la región. El Salvador revisó al alza su previsión de crecimiento hasta un 5,2% interanual para 2026, empujado por construcción y turismo, con la agricultura estancada.
Argentina sigue sin submarinos —se quedó con cero— y negocia comprar alguno. La Mar1, tras décadas de desinversión, acumula menos equipamiento que varios ejércitos del continente. Con ese panorama, ¿es la euforia por unos cazas de segunda mano un síntoma de recuperación o la vieja costumbre de confundir la bandera con la solvencia?