Tiene gracia que a la mujer de Franco la llamaban la Collares porque arramplaba collares y joyas de todo tipo en las joyerías de Madrid, y ahora a este chavista “ anti franquista” le llaman El Collares , el karma siempre vuelve
Según reza la leyenda zaina de Carmen Polo, «los propietarios de las joyerías de las ciudades que visitaba se veían obligados a cerrar para evitar verse en la obligación de regalarle alguna valiosa alhaja en su condición de mujer del jefe de Estado».
Las joyerías que frecuentaba desmienten que abusase de su posición para recibir regalos y descuentos. La mayoría de las joyas de doña Carmen provenían de Aldad y Pérez Fernández, dos establecimientos que aún hoy guardan un recuerdo exquisito de la mujer de Franco. «Siempre pagó todo», dice una persona cercana a los dueños. «Aunque de vez en cuando se le aplicaba algún tipo de descuento, como se le hace a otros clientes importantes», confirman: «pero nunca se le regalaba nada o se le vendía una pieza por debajo de su valor. Es verdad que le gustaban las joyas pero no más que a otras mujeres». Una de las leyendas clásicas sobre la etapa franquista relata que cuando Carmen Polo, esposa del entonces jefe de Estado, pasaba los veranos en el Pazo de Meirás, "asaltaba" regularmente la cercana joyería coruñesa Malde y se llevaba sin pagar las mejores piezas elaboradas por sus orfebres, todas ellas de gran valor.
Cuando se sabía anticipadamente que doña Carmen iba a la ciudad, la joyería cerraba para evitar arruinarse, cuentan distintos libros y repiten múltiples artículos periodísticos.
Se cuenta que un viajero que deseaba conocer algunos datos sobre la presunta cleptómana entró un buen día en el sobrio y elegante establecimiento fundado en 1898 para que le explicara los casos más dolorosos el primer burlado, el joyero Alfredo Malde. "Siempre pagó lo que llevaba", respondió Malde con cierta irritación, usando con énfasis el término "señora".
"No pagaba ella, sino un secretario que venía al día siguiente, y era tal la confianza que tenían en nosotros que no se nos pedía factura: habríamos podido cargar lo que quisiéramos, que lo hubieran abonado", añadió con orgullo. "La señora coleccionaba pastilleros de plata y un día se encaprichó con uno corrientillo, que valía mil pesetas de entonces, eran los años 70; yo quise regalárselo, pero no lo aceptó y me pidió, eso sí, un buen descuento: le cobramos ochocientas pesetas". El curioso viajero, que sin ninguna, hubiese preferido mantener la leyenda de la "desvergonzada" esposa del dictador, cedió a la realidad, y como su misión era desvelar la verdad, decidió divulgarla, aunque con ello desmintiese el atractivo y conocido chisme sobre la mujer de Francisco Franco.
Doña Carmen era una buena aficionada a coleccionar cerámica y porcelana, especialmente de la primera época de Sargadelos. Contrariamente a lo que mucha gente creía, pagaba las piezas que eran de su agrado, como el propio Isaac Díaz Pardo ha reconocido en varias entrevistas.