La cesión de Ceuta a Marruecos deja de ser un tabú en la conversación política
Que una ciudad autónoma española acabe en manos de Marruecos suena a delirio conspirativo. En el actual clima político, sin embargo, es la hipótesis que más terreno gana entre los análisis más escépticos con el relato oficial. El argumento parte de un hecho: la oleada migratoria que ha probado la frontera de Ceuta encontró una respuesta del Gobierno definida como “cero”. Y de ahí se proyecta un escenario de segunda e incluso tercera oleada, con hasta 150.000 personas desplazándose hacia los pasos fronterizos mientras el Ejército marroquí espera la orden de entrar.
El escenario de la presión migratoria
Quienes dan por posible la cesión describen una estrategia coordinada: usar a migrantes como herramienta de presión mientras las fuerzas militares marroquíes se apostan en la frontera. La respuesta institucional, sostienen, no sería militar, sino televisiva: salir en todas las cadenas a explicar que Ceuta es una ciudad pequeña y que no merece el coste de un conflicto. Ese cálculo de costes, añaden, encaja con el calendario político: sería la estocada final antes de dejar el poder el año que viene.
Las lecturas enfrentadas
No todos comparten el diagnóstico. Una corriente lo reduce a ruido alarmista y recuerda que nadie ha presentado ni una prueba de un plan marroquí semejante. Otra, más conspiranoica, ve un pacto entre gobiernos: el marrón se lo comería el partido en el Gobierno mientras la monarquía queda al margen. El sarcasmo tampoco falta: desde el paquete con lacito hasta el consejo de pedir la nacionalidad marroquí como salida personal.
La cuestión de fondo es si la presión migratoria puede doblegar la soberanía sin disparar un solo tiro. Si Marruecos vuelve a probar con otra oleada, ¿qué hará el Gobierno? ¿Mover ficha o repetir el argumento del tamaño de la ciudad? A la espera de la prueba, la conversación política ya no descarta nada.