¿Gobierna el mal este mundo? La economía también pregunta
El mundo no lo gobierna el mal; lo gobiernan los que se benefician del caos. Esa afirmación, que podría parecer un exabrupto, es el punto de partida de una discusión que cruza la economía con la filosofía. Cuando se pregunta si el mal es el dueño de este mundo, no se habla solo de entidades sobrenaturales: se habla de sistemas de poder, incentivos perversos y de la patidifusez institucionalizada que, como dice un análisis, es el verdadero motor del desorden.
De los cátaros al 'reality show' cósmico
La tradición cátara dividía el mundo entre un dios bueno inmaterial y otro maligno creador de la materia. En versión moderna, esa dualidad deriva en la sospecha de que el mundo es una especie de granja o espectáculo para entidades superiores. El escritor Salvador Freixedo popularizó esa metáfora en La granja humana, y desde entonces no faltan quienes ven el sufrimiento colectivo como un producto de consumo.
Libre albedrío: el argumento de los que todavía creen
Frente a esa visión, hay quien sostiene que el mal es el precio de la libertad. Si Dios permitiera la certeza de su existencia y de sus planes, nadie elegiría el mal por amor, sino por terror. La incertidumbre es el espacio donde el amor puede existir. Este argumento, clásico de la teodicea, se repite con fuerza: el mal no es un señor, sino una consecuencia lógica del libre albedrío.
El mal encarnado en el poder: tríada oscura y EBITDA
Pero en el terreno económico, el mal se manifiesta en la concentración de poder. Un análisis citado señala que quienes llegan al poder, ya sea político o corporativo, tienden a presentar rasgos de la tríada oscura —psicopatía, maquiavelismo y narcisismo—, y eso se traduce en políticas que benefician a pocos. Otro análisis va más allá: el mal no es un ente con capa, sino la patidifusez institucionalizada y la avaricia disfrazada de pogre. Y cuando una corporación tiene como único dios el EBITDA, la inteligencia artificial se convierte en una herramienta de extracción de datos y control.
Philip K. Dick, el Vaticano y los archivos Epstein
La discusión también rescata curiosidades. Philip K. Dick tituló una conferencia 'Si crees que este mundo es malo, deberías ver los otros', una ironía que encaja con la idea de que el infierno no es un lugar, sino esta realidad. En los últimos mensajes aparecen referencias a los archivos Epstein como presunta prueba de que las élites se protegen entre sí, y al Vaticano como sospechoso habitual. Son afirmaciones que no pueden verificarse, pero muestran la deriva del asunto hacia una desconfianza total en las instituciones.
La pregunta sobre el mal no tiene respuesta, pero la tendencia es clara: cada vez más análisis apuntan a que el problema no es una fuerza sobrenatural, sino la combinación de poder sin contrapesos, incentivos a corto plazo y una tecnología que amplifica los sesgos. Si el mal es un sistema, será difícil desterrarlo con oraciones; quizás se necesite más transparencia y otro tipo de incentivos. Pero quién sabe si eso no es pedirle peras al olmo.