El insecto que volvió de Holanda con un Serie 7 lowrider
¿Qué hace un emigrante español cuando vuelve de los Países Bajos con la cuenta llena? Si la historia que circula entre aficionados al motor es cierta, se compra un BMW Serie 7, lo convierte en lowrider con suspensión neumática y se dedica a dar saltos para exhibir su éxito. El protagonista, al que algunos llaman «el insecto», llegó de Países Bajos con maletas, dinero en efectivo y una ropa interior que no pasó desapercibida.
Un Serie 7 con hidráulica y teoría terraplanista
El vehículo no es un Serie 7 cualquiera. Según el testigo, monta «un calderín y dos compresores» para la suspensión neumática, con cuatro válvulas y un tubo hacia cada balona. Un lowrider reglamentario, añade, y un imán para la Guardia Civil. El motor es un seis cilindros en línea, de esas «cajas cabronas» que hacen vibrar a los puristas. Y algo curioso: el coche viene con teléfono fijo, nada de inalámbricos que, según el dueño, espiaría el gobierno chino.
El retorno del emigrante con dinero fresco
Detrás de la anécdota hay un fenómeno real: el regreso del emigrante con capital. Países Bajos atrae a trabajadores españoles por sus salarios, y la ostentación en forma de coche y billetes es la prueba visible de que el esfuerzo mereció la pena. La pregunta es si ese dinero se invierte en algo productivo o se quema en un capricho. De momento, el «insecto» prefiere saltar antes que abrir una cuenta en un banco.
La escena, entre cómica y patética, contiene una moraleja: si uno vuelve de Holanda con un fajo de billetes, quizá no necesite un Serie 7 saltarín para demostrarlo. El testigo lo recordará para siempre, aunque tampoco está claro si era real o fruto de una borrachera.