La bomba española que el TNP enterró
¿Pudo España tener la bomba de hidrógeno? La pregunta suena a ucronía, pero el Proyecto Islero fue real: un programa nuclear que arrancó tras el accidente de Palomares y que el régimen franquista persiguió durante años. El 19 de diciembre de 1973, Henry Kissinger se reunió con Carrero Blanco para hablar precisamente de eso, y de la negativa española a firmar el Tratado de No Proliferación. Al día siguiente, ETA voló el coche del almirante a 200 metros de la embajada de Estados Unidos.
Una tecnología caída del cielo
El accidente de Palomares, en 1966, dejó caer sobre suelo español varias bombas termonucleares estadounidenses. Aunque la versión oficial habló de recuperación total, la tecnología que quedó en el país fue suficiente para que los ingenieros del régimen se lanzaran a un proyecto propio de bomba H. El nombre en clave: Islero. La capacidad técnica, según los testimonios, existía o estaba a punto de existir.
El TNP, el freno que nadie recuerda
España no había firmado el TNP, y eso preocupaba a Washington. La reunión Kissinger-Carrero del 19 de diciembre de 1973 tuvo como eje ese pulso. La respuesta de los analistas es contundente: el Tratado de No Proliferación impedía continuar, y las sanciones económicas para un país que dependía de la integración internacional habrían sido devastadoras. Además, Marruecos, el rival estratégico, también lo había firmado, lo que cerraba la vía a una carrera nuclear magrebí.
La casualidad perfecta
Que ETA atentara contra Carrero exactamente 24 horas después de reunirse con Kissinger para hablar del programa nuclear es, según algunos, pura coincidencia. Otros señalan que el almirante era el principal valedor del proyecto, y que su muerte lo enterró para siempre. Lo cierto es que Islero desapareció con él.
Qué ironía: la bomba que pudo hacer de España una potencia nuclear acabó enterrada en los archivos, por culpa de un tratado, una sanción y un atentado que llegó en el peor momento para el régimen. ¿Casualidad? Ahí lo dejamos.