Asia se enfrenta a una extinción demográfica en dos generaciones
¿Hasta qué punto es grave la crisis demográfica en Asia? Mientras Europa debate su propio envejecimiento, varios países asiáticos encaran un escenario terminal: sus poblaciones pueden reducirse a la mitad en el plazo de dos generaciones, según las tendencias actuales de fertilidad. El caso más extremo es Corea del Sur, con una tasa de natalidad que ya ronda los 0,7 hijos por mujer, la más baja del mundo. A este ritmo, su población podría desplomarse de 51 millones a menos de 20 millones para finales de siglo.
Corea del Sur: el laboratorio del colapso demográfico
El país asiático es el ejemplo más crudo. La edad media de las mujeres al primer parto supera los 32 años, y cada vez más jóvenes optan por no tener hijos. El problema no es solo económico: la presión social, la vivienda inaccesible y la falta de conciliación han creado un caldo de cultivo que ni los multimillonarios subsidios estatales han logrado revertir. Mientras tanto, Corea del Norte mantiene una población estable, lo que abre un escenario geopolítico inquietante: para 2100, el Sur podría estar tan despoblado que una invasión del Norte se produciría sin oposición.
¿Es positivo reducir población?
No todo el mundo ve la caída demográfica como una catástrofe. Un sector del análisis sostiene que países como China o Japón parten de una superpoblación crónica, con ciudades saturadas y recursos limitados. Reducir la población, argumentan, aliviaría la presión sobre el medio ambiente y la infraestructura, sobre todo con la automatización reduciendo la necesidad de mano de obra. Esta corriente considera la obsesión por el natalismo como una construcción ideológica, no una necesidad objetiva.
En el otro extremo, hay quienes ven el decrecimiento poblacional como parte de una agenda global deliberada, una conspiración que incluiría políticas de inmigración selectiva y control de la natalidad. Aunque la evidencia es escasa, el recelo existe.
El factor inmigración
Ante la caída de nacimientos, la inmigración aparece como la solución más rápida, pero choca con sociedades históricamente homogéneas. En Corea y Japón, la resistencia cultural es feroz. En el debate, se cruzan posiciones que van desde la apertura controlada hasta el cierre total, con temores a una pérdida de identidad nacional. Mientras Europa discute si su futuro será mestizo, Asia se pregunta si tendrá futuro.
Con estos datos, la pregunta no es si Asia se está encogiendo, sino cuándo tocará fondo. Y si la respuesta llega demasiado tarde, algunas naciones podrían no estar ahí para contarlo. Ironía del destino: los países que crecieron más rápido ahora ven cómo su propio éxito les pasa factura.