Robo de una BiciMAD en Vallecas: el usuario paga 32 euros tras la denuncia
A las puertas de un Lidl en el Bulevar de Vallecas, un usuario de BiciMAD aparcó su bicicleta eléctrica. Minutos después, había desaparecido. No fue un descuido: el ladrón actuó en el momento justo en que el dueño se enfrentaba a un peatón que obstruía la calzada. "Estamos rodeados de subnormales e infraseres", escribe el afectado, que describe la escena con una furia comprensible: la bicicleta se la llevaron mientras él trataba de resolver un conflicto viario.
Lo que siguió fue una odisea burocrática. Al llamar a BiciMAD, el operador le exigió que lo hiciera desde su móvil registrado; al cambiar de SIM, la misma respuesta. "Me cagué en la puta y le empecé a gritar a la imbecil de la EMT", relata. Finalmente, le indicaron que debía interponer una denuncia y que, aun así, probablemente tendría que abonar 32 euros por el extravío. La empresa, en su protocolo, no distingue entre robo y pérdida: el usuario responde económicamente.
Algunos usuarios proponen soluciones menos traumáticas: "En Wallapop tienes bicis de mierda muy baratas", apunta uno, que evita el sistema público precisamente por este tipo de riesgos. Otro va más allá: "Si yo me encuentro una a huevo en medio de la acera, también la pillo", justificando la apropiación como forma de evitar accidentes. El debate revela una tensión entre el sistema de alquiler público y la responsabilidad individual: el servicio no parece preparado para gestionar robos con agilidad, y los usuarios buscan alternativas informales.
La pregunta que queda en el aire: si el ayuntamiento promueve la bicicleta como medio de transporte, ¿por qué el usuario termina pagando por un robo ajeno? Mientras, en un país que presume de ser "uno de los más seguros del mundo", los ciclistas urbanos cargan con el coste de la inseguridad.