La porra que empezó con bitcoin a 1.000$ y terminó a 64.000$
A finales de 2013, bitcoin acababa de cruzar la barrera de los 1.000 dólares y alguien propuso una apuesta de barra de bar: ¿cuándo llegará a los 10.000? En cuestión de días la parrilla de fechas se llenó. Casi todas apuntaban a 2014. Uno de los más osados dio
un mes. El ejercicio, pensado como fiesta entre entusiastas, terminó convertido sin querer en un censo de expectativas, y hoy sirve para medir cuánto se equivocó el optimismo en los plazos y cuánto acertó en la dirección.
Porque bitcoin sí tocó los 10.000 dólares. No en 2014, como creía la mayoría, sino
años después. La diferencia entre acertar el destino y acertar la fecha es, en este mercado, la diferencia entre hacerse rico y quedarse mirando.
¿Cuánto tardó bitcoin en pasar de 1.000 a 10.000 dólares?
Tardó varios años, y el camino estuvo lejos de ser recto. Tras rebasar los 1.000 a finales de 2013, todas las fechas apostadas para 2014 —febrero, marzo, mayo, junio, julio, septiembre, octubre, noviembre, diciembre— vencieron sin que el precio se acercara al objetivo. El pesimismo se instaló. Una intervención, escrita con guasa fingiendo venir del futuro, situaba el nivel en
9.500 dólares, justo por debajo del umbral. Otra puso fecha al hito: el
8 de diciembre de 2017.
La apuesta, mientras tanto, mutó. De preguntar por los 10.000 se pasó a preguntar por los
100.000, por el máximo de cada ciclo y por el suelo. La ambición se multiplicó por diez sin que nadie pidiera explicaciones.
¿Por qué fallaron casi todas las predicciones de 2013?
Porque confundieron una tendencia con un calendario. La lógica dominante era la del crecimiento exponencial: si bitcoin había pasado de céntimos a 1.000 dólares en pocos años, multiplicar por diez era cuestión de meses. Hay quien sostenía que bastaba con seguir construyendo servicios sobre el protocolo, sin necesidad de grandes noticias.
El patrón se repitió después. Cada ciclo alcista trajo su propia lista de fechas imposibles y su propia resaca.
El gasto energético y la amenaza de prohibición
La objeción más sólida no venía del precio, sino del consumo. Una de las intervenciones más citadas sostiene que la factura energética del minado acabará siendo insostenible, que los gobiernos tomarán cartas en el asunto y que la salida pasará por prohibir la minería y quedarse con los bitcoins ya existentes. El argumento tiene su lógica: mantener una red viva cuesta recursos reales, y alguien los paga.
La réplica llegó desde otro ángulo. La tecnología no se desaloja por decreto una vez que se ha incrustado en el tejido económico, y el ejemplo que se puso fue el de
IPv4, un protocolo obsoleto que sigue funcionando porque desmontarlo sería más caro que aguantarlo.
El halving y el relato que se contagia como una religión
El argumento temporal más citado es el de los
halvings: solo se han producido tres, una muestra demasiado corta para sacar conclusiones, pero cada vez el pico ha llegado con un patrón parecido. La hipótesis dominante situaba el techo a finales de 2021, con la posibilidad de que esta vez se adelantara unos meses, porque cada ciclo suma factores nuevos y nada encaja con precisión matemática.
A eso se añade un componente que no sale en los gráficos. Comprender bitcoin, sostiene una de las intervenciones más repetidas, convierte la
inversión en algo parecido a una religión: cuesta tiempo y capacidad, y una vez dentro casi nadie vende. El umbral de venta que maneja en voz alta uno de los intervinientes no baja de los
50.000 o 60.000 euros.
¿Puede desaparecer bitcoin? La respuesta «nunca»
Es la apuesta más repetida y la más difícil de refutar. Una parte de los pronósticos se decantó directamente por el
«nunca»: ni diez mil ni cien mil, porque antes se inventará algo mejor. Otros añaden que la corrección llegará cuando el asunto salte a los titulares de todo el mundo, ese instante en que la fiebre atrae a la última ola de compradores y el precio se da la vuelta.
Frente a eso, la corriente contraria sostiene que bitcoin ya está demasiado incrustado para desaparecer y que su valor tiene menos que ver con la tecnología que con una convicción contagiosa, casi inmunológica al análisis.
El cuadro que dejan los últimos mensajes es elocuente: bitcoin marcó un máximo de
64.000 dólares y cotiza en torno a los
36.000. Hay quien ya no vende por debajo de los 50.000 o 60.000 euros y quien recuerda que el único plan sensato es guardar una unidad para siempre. La porra de los 10.000 quedó resuelta. La de los 100.000 sigue abierta, sin fechas creíbles y con la misma fe de siempre.