La Sexta no se prohibirá mañana, pero el debate sobre su cierre tiene mucha tela
Cada cierto tiempo resurge en redes y tertulias la pregunta de cuándo van a cerrar La Sexta. El último detonante han sido las críticas a Mariano Rajoy por un comentario sobre la selección francesa, que algunos interpretaron como una muestra de antiespañolismo de la cadena. Pero detrás de la anécdota se esconde una tensión recurrente sobre el papel de los medios públicos y la pluralidad informativa.
El trasfondo: ¿cadena pública o partidista?
La Sexta es, en su accionariado, una cadena privada, pero su línea editorial es percibida por un sector como cercana al Gobierno de turno. Quienes piden su prohibición argumentan que manipula y falta a la verdad, y que mientras esté en manos del Estado no habrá cambio. En el extremo opuesto, se defiende que la diversidad de voces es esencial y que quien no quiera verla tiene el mando a distancia.
El argumento económico: ¿tiene sentido cerrar un canal?
Desde la óptica empresarial, cerrar un canal generalista implicaría una pérdida de libertad de expresión y de inversión publicitaria. Además, como señalan algunos analistas, la cadena podría ser clonada o reaparecer bajo otra marca. Es más probable que el debate se quede en ruido digital que en una decisión regulatoria real.
La solución más pragmática, y la que menos ruido genera, es la que propone un sector del público: cambiar de canal. Pero en el clima polarizado actual, ni siquiera eso basta para apagar la polémica. Mientras no haya un consenso sobre qué es información veraz, la pregunta sobre la prohibición de La Sexta seguirá apareciendo cíclicamente, aunque la respuesta práctica sea siempre la misma: no va a ocurrir.