La amnistía y el pulso en la calle: cuánto aguanta la protesta
¿Cuánto dura una protesta cuando el termómetro marca cero y oscurece a las seis de la tarde? Esa es la pregunta que sobrevuela cualquier movilización contra la amnistía, y la respuesta que da la experiencia reciente es incómoda: menos de lo que sus impulsores desearían. La discusión sobre la ley de amnistía que negocia el Gobierno con las fuerzas independentistas catalanas ha derivado en un pulso callejero cuyo combustible principal no es el texto legal, sino la bronca política. Y la bronca, como el hielo, tiene fecha de caducidad.
Los argumentos se cruzan sin demasiado rigor. Hay quien sostiene que la amnistía desactiva de facto el desafío independentista, porque el independentismo se olvida de la declaración unilateral mientras cobra la medida de gracia. Enfrente, la tesis contraria: que ceder ante quienes incumplieron la ley destruye el principio de igualdad ante la norma y convierte la Constitución en papel mojado. Ninguna de las dos partes aporta demasiada prueba. La discusión se resuelve, casi siempre, a gritos.
¿Por qué la protesta pierde fuelle con el frío?
La logística de la indignación tiene sus propias leyes. Con las temperaturas bajando y las navidades encima, la capacidad de convocatoria se resiente: los asistentes más mayores dejan de salir, las familias priorizan otras cosas y el calendario juega en contra. Es un patrón conocido: las movilizaciones sostenidas en el tiempo rara vez sobreviven al invierno. La pregunta no es si decaen, sino cuándo.
Hay quien apunta que el hastío no tiene fecha de caducidad y que la indignación se reactivará en cada cita electoral. Otros calculan que el asunto se diluirá en semanas, absorbido por la rutina informativa. La discrepancia no es menor: define si estamos ante un ciclo de protesta largo o ante un estallido de temporada.
El cálculo de los votos que sostiene al Gobierno
Uno de los datos que circula en el análisis es el peso electoral del bloque que respalda al Ejecutivo: los diputados que apoyan la investidura representarían alrededor del 51% de los votantes, frente al 45,65% que no. La cifra, repetida hasta la saciedad, sirve para legitimar y para deslegitimar a partes iguales. Los primeros dicen que es la aritmética de la democracia; los segundos, que una mayoría ajustada no puede amnistiar a quien quebró la legalidad.
La trampa del argumento es evidente: los porcentajes de voto no miden la intensidad de la indignación ni la disposición a salir a la calle. Una cosa es ganar unas elecciones y otra muy distinta es mantener movilizado al electorado durante meses. La protesta no se sostiene con escaños.
De la manifestación a la amenaza administrativa
La conversación ha derivado hacia terrenos más oscuros. Frente a la protesta convencional, algunos planteamientos apuntan a una vía de desgaste distinto: usar la maquinaria administrativa para complicar la vida a quien se identifica con el adversario político. Denuncias urbanísticas, sanciones, inspecciones. Violencia sin puños, pero violencia al fin y al cabo.
Es un salto cualitativo que conviene mirar con distancia. La indignación política, cuando se convierte en represalia personal, deja de ser protesta y pasa a ser otra cosa. Y esa otra cosa no tiene nada que ver con la amnistía.
¿Cuánto durará la movilización contra la amnistía?
Nadie lo sabe con certeza. Lo que sí puede afirmarse es que las concentraciones sostenidas dependen de tres factores: el calendario parlamentario, el clima y la capacidad de mantener el relato. Si la ley avanza, la protesta tiene motivo para continuar. Si se dilata, el desgaste hace su trabajo. Y si el invierno aprieta, la calle se vacía.
La paradoja es que la amnistía, como medida, desactiva parte del conflicto que la propia protesta necesita para mantenerse viva. Si el independentismo renuncia a la vía unilateral, el argumento de la movilización pierde gasolina. Es un mecanismo que se apaga solo.
Al final, la pregunta del titular se responde con otra pregunta: ¿cuánto dura una indignación que no depende de lo que pasa, sino de lo que se cuenta? Menos que el frío, probablemente. Y bastante menos que la ley.