De la viñeta de Orúe al coronavirus y las residencias
El hilo arranca a mediados de enero de 2020 discutiendo si Santiago Orúe tiene gracia y si dibuja bien. Unos defienden que sigue siendo bastante gracioso y que repartía a todos los bandos; otros sostienen que sus chistes son casposos y que el trazo es malo. A lo largo de febrero y marzo los titulares de actualidad —Cataluña, Venezuela, el coronavirus— van desplazando el asunto hasta ocupar casi todo el espacio. En primavera, cuando entra en escena la gestión de la pandemia y las residencias de mayores, el debate sobre el dibujante reaparece cruzado con esa polémica y con un pulso personal entre dos usuarios que se alarga durante semanas.
Qué se ha sabido
Los primeros mensajes aportan datos del recorrido profesional del dibujante. Un participante recuerda que fue despedido de una revista de humor contracultural tras las quejas de sus lectores. Otro asegura que firmó la portada de un disco de La Polla, y un tercero precisa que ilustró «al menos un par de portadas de discos punk de los 90». Un forero apunta que existió un vídeo en el que Orúe coincidía con Miguel Ángel Aguilar en el programa de Ana Rosa, hace unos diez años, y propone un cara a cara entre ambos. Otro enlaza una información de Periodista Digital sobre unos colaboradores que abandonaron Intereconomía TV.
El hilo también recoge el calendario político y sanitario del periodo. Se anuncia la reunión de Pedro Sánchez con Quim Torra el 6 de febrero en Barcelona. Después llegan las cifras de la pandemia: los contagios en España superan la cincuentena, el Ibex 35 pierde cerca de un cuarto de su valor, y el 4 de abril se citan «más de 11.000 muertos y 119.190 casos». Se reseña el fin de semana con 1.670 muertos en 48 horas, la destrucción de 550.000 empleos en abril con más de 280.000 parados, los 17.576 fallecidos en residencias, las 39.326 muertes que resultarían del método de recuento catalán o la previsión de 2,5 millones de infectados en veinte días. También se citan medidas del desconfinamiento, como el paseo de hasta tres niños con un adulto una hora al día, y noticias como el cese del coronel Pérez de los Cobos o la capacidad de las empresas para fabricar tres millones de test al mes.
Las posturas
Quienes defienden al dibujante insisten en que «sigue siendo bastante gracioso» y en que repartía a todos los bandos. Un forero lo considera «un tipo valiente» porque esos chistes, sostiene, pueden costarle el puesto en un sistema que no admite la crítica. Otros añaden que las viñetas van directas a molestar a la izquierda y que ese humor tiene el mismo derecho a existir que el de las revistas satíricas más conocidas: «si El Jueves o Mongolia hacen el humor que hacen no veo porque el señor Orúe no pueda hacer lo mismo. Cuando los chistes los cuentan siempre los mismos aburre».
Los críticos responden que el problema no es la línea editorial sino la calidad. Un participante zanja que los humoristas de derechas, en su opinión, no tienen gracia; otro dice que ahí no hay «ni humor ni gráfico» y compara las viñetas con los chistes de programas antiguos. Varios aseguran que el dibujo es pobre y que los chistes repiten consignas. Hay también quien, desde el otro lado, sostiene que Orúe no se ríe de los muertos, a diferencia de otros.
Una tercera lectura, la del mercado, tiene bastante recorrido: varios foreros entienden que Orúe «ha visto un nicho de mercado» y que se ha movido hacia donde hay quien paga, y auguran que durará hasta que se cansen de él. La réplica llega desde la propia defensa del dibujante, con ironía: «un hombre de su talento siempre encontrará una revista de prestigio». A esto se suma el debate ideológico: un forero sostiene que con la vejez la mayoría de los comunistas se vuelven de derechas, y otro lo atribuye a un fondo anarquista que choca con las contradicciones del progresismo. Un tercero sospecha que el dibujante es un nacionalista vasco que ha roto con su entorno.
Lo que cambia respecto a antes
Al principio el hilo se centra en la gracia y el trazo del dibujante. A partir de marzo, la pandemia arrincona el asunto: los titulares, los rebrotes, las residencias y el desconfinamiento ocupan el grueso de los mensajes, y Orúe pasa a ser una excusa para volver una y otra vez a la gestión del Gobierno. Entra en escena la polémica de las residencias de Madrid y su responsable autonómica, y se cruza con la discusión sobre las viñetas. Un forero sostiene que esas viñetas han quedado «muy descolocadas en esta crisis». El tono también cambia: lo que había sido un debate se convierte en un pulso entre dos usuarios que se intercambian descalificaciones durante buena parte del tramo.
El goteo de titulares
Buena parte del tramo no lo ocupan los argumentos sobre el humorista, sino una cascada de titulares de prensa pegados uno tras otro: la mesa de diálogo con Cataluña, el caso Delcy, las prórrogas del estado de alarma, los ERTE, las caceroladas, el cese en la Guardia Civil o los rebrotes. Ese goteo funciona como munición para unos y como ruido para otros, y es lo que acaba definiendo el ritmo del hilo hasta el verano.